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Juana Molina, observar el sonido

A un año de su presentación en el Festival NRMAL, registrada en su primer álbum en vivo, la incomparable Juana Molina nos habla de su vida en pandemia y de su estrecha relación con el sonido y el silencio.

Foto: Antonella Arismendi

Por Oscar Adad

– Tú me arruinaste la vida… —le dijo una mujer a la cantautora Juana Molina en un encuentro casual— Una vez viniste a casa a una fiesta —prosiguió— y en un momento, preguntaste: ¿Qué es ese ruidito?

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– Fue tremendo —recuerda Juana—.

Y con su voz delicada regresa en el tiempo y trae la anécdota al presente. “Había un pitido muy suave pero muy molesto, a lo lejos. Y la mujer, que vivía allí desde hacía 20 años, nunca más dejó de escucharlo. Se volvió loca porque nunca supo de dónde venía”, me cuenta mientras suelta una risilla.

El día de hoy no veo a Juana, solo la escucho. La entrevista se lleva a cabo a través de una llamada de audio, lo que hace estar más alerta ante cada una de sus palabras, gestos vocales y su entorno sonoro. Juana vive en el campo a las afueras de Buenos Aires desde hace algunos años, y lo delata el canto de los pájaros que se escucha al fondo. No le gusta el ruido. De hecho, ella siempre está en busca del silencio. Me dice que fue muy feliz los primeros meses de la cuarentena cuando la vida se detuvo y el silencio era total.

“Sentí que estaba en el paraíso realmente. Conocí el significado de la palabra paz y fue muy terrible porque yo sabía que se iba a terminar. Y efectivamente, a los dos meses, menos que antes pero volvieron los ruidos, los autos y las cosas. Siempre me voy de vacaciones a algún lugar donde no haya nada ni nadie, pero estoy de vacaciones en otro lugar que no es mi casa, y sentir eso en mi propia casa fue algo que no voy a olvidar jamás. Y a lo que aspiro en un futuro es a vivir en esa calidad de vida que es el silencio, me parece que es muy sanador el silencio. Eso fue para mí lo más impactante, el confirmar lo que yo siempre suponía que el silencio me iba a dar”.

A pesar de que Molina tiene una carrera de más de veinte años y se ha plantado en los más importantes festivales alrededor del mundo, visita poco nuestro país. En total ha ofrecido 4 conciertos en la ciudad de México. El primero de ellos fue en 2007 y se presentó sola en el bar La Faena; en 2014, en el Festival Vive Latino y la Fonoteca Nacional; en 2017 sería la presentación de Halo (Crammed Discs, 2017), su último disco de temas originales en estudio, pero el sismo del 19S echó abajo los planes. No fue sino hasta 2020 que tocó en el Festival NRMAL, y cuyo concierto está reflejado en su primer álbum en vivo: ANRMAL (Crammed Discs, 2020).

Tu concierto del NRMAL estuvo en el filo de un cierre mundial de actividades, ¿estabas consciente de eso?

-No, para nada. De hecho, el último show que hicimos fue en vivo desde casa el día que se suspendió un show muy grande que yo tenía acá en Buenos Aires. Habíamos preparado y trabajado tanto para ese concierto que teníamos que hacerlo como fuera, porque estábamos todos y nos íbamos a encontrar en la noche para hacerlo, no era que se había suspendido hace 15 días, se suspendió el día anterior y yo venía con el envión de todos los preparativos. Y decidí hacerlo igual desde casa y armamos todo. Y es raro eso, a mí no me gusta tocar en los términos que se toca ahora, que es armar unas islas para que la gente no se contagie entre sí. Toda esta cosa que está generando la pandemia es como una aprehensión peligrosa hacia el otro. Me parece que cuando hablan de “grieta” en política, yo creo que es esta. Hay gente que se puso muy desagradable con la pandemia, se cayeron muchas máscaras, eso es lo que sentí. Se cayeron las caretas y se empezó a ver a la gente más como es realmente, me dio esa sensación un poco.

Ese concierto lo abriste con “Un día”, parecía una premonición siguiendo la letra: “Un día voy a ser otra distinta…” Cuéntame, ¿cómo ha sido para ti el confinamiento en el que, de un día a otro, todos fuimos obligados a ser distintos?

– Como creo que le pasó a todo el mundo. Esta quietud nos llevó a, no sé si un viaje de introspección, pero al bajar tanto las energías de todo, medio que quedó lo esencial. Me despojé de cosas, relaciones, costumbres innecesarias. Yo nunca consumí mucho así que eso no me cambió nada, pero sí te das cuenta de volver más a lo esencial. ¿Te acordás la época de la cuarentena cuando mostraban videos probablemente todos falsos de los animales invadiendo ciudades y volviendo a su hábitat?, si fue verdad o si fueron todos montajes, para mí tendría que ser el objetivo de la raza humana, de insertarnos deveras en el mundo con lo mínimo indispensable para vivir.

Quizá una pista para comprender la música de la compositora, su curso creativo y forma de vida alejada de lo que dicta la industria de la música y la cultura de la hiperproductividad, sea el tiempo. Existe un espacio temporal amplio entre algunos de sus discos; tiene composiciones “largas” —más de seis minutos de duración— para una industria como la del rock que limita temas que van más allá de los tres minutos; además de llevar una vida pausada durante la pandemia.

“Estuve muy desactivada esta cuarentena, ni siquiera escuché música. Estaba sentada afuera, me armé una palangana, una olla que tenía acá enorme de zinc, la puse afuera en el jardín y me sentaba a mirar el fuego todos los días. No me dieron muchas ganas de trabajar, de componer. Si yo hubiese aprovechado, como muchos hicieron, el tiempo de cuarentena total y rígida para hacer un disco, ya tendría, no sé, dos discos. Pero lo cierto es que no. Era tan raro como estábamos todos, porque además fue el monotema. Creo que la palabra Coronavirus fue la palabra que más se dijo en la historia de la humanidad. Todos diciendo esa misma palabra al mismo tiempo todo el tiempo, es muy significativo para mí. Y justo esa palabra tan horrible sea la que le ocupa la cabeza a la gente”.

Observar el sonido

La música de Juana podría parecer un intento por buscar un estado de trance. La repetición y la duración de sus temas son elementos esenciales en su sonido, además de los polifacéticos timbres que emanan de sus sintetizadores y cajas de efectos. Lo cierto es que, más que una intención y gusto racional de los elementos por separado, su estética refleja su forma de escuchar el mundo y traducirlo en música.

“Creo que tiene que ver con toda la música que escuché, pero no la puedo analizar porque siempre tuve la suerte de que los discos que me gustaban mucho eran discos que nunca los percibí como gente tocando. Para mí eran como un cuadro o una película que se iba moviendo, nunca me di cuenta de quién hacía qué, yo recibía el todo —relata—. Y las sonoridades vienen de ese momento en el que puedo meterme en una especie de túnel de música pura en donde se va armando. Yo agarro un teclado y un sonido que le veo la posibilidad y lo destrozo hasta que lo transformo en lo que sugirió que podía transformarse ese sonido, por eso ahora estoy estudiando síntesis modular, porque podés armar los sonidos que quieras de cero”.

Molina ha declarado que no escucha música nueva, y es porque la casa de su madre estuvo inundada de ella. Me cuenta que desde que amanecía hasta caer la noche, antes de irse a dormir, su madre se la pasaba escuchando discos. Así, la guitarrista vivió 15 años de su vida. “Quizá por eso creo que después me fue necesario tanto silencio, porque no tuvimos un minuto de silencio en esa casa”, recuerda.

Sin embargo, su trabajo se engrandece por su capacidad de observación. Si en su etapa como actriz el éxito de sus personajes radicaba en la agudeza de explotar los detalles precisos que arrancaban carcajadas, su trabajo musical no solo se nutre de la música, sino de la atenta observación a los estímulos sonoros de su entorno, los cuales enriquecen el imaginativo mundo que nos pone enfrente. “Me acuerdo cuando estaba grabando Son (Domino Records, 2006), que me entusiasmé mucho con unas parejas de torcazas, esas palomitas que hacen: UUU UUU, UUU UUUU. Ellas cantan así, y en general una le contesta a la otra y cada una tiene su propio ritmo. Me fascinaba quedarme esperando hasta que las dos juntas cantaban al mismo tiempo, y después se iban separando de nuevo hasta que hacían todo un círculo y volvían a juntarse cada X cantidad de trinos, que de trinos tienen muy poco, más bien son lamentos.

“Y además también me di cuenta de cómo trabajan lo preconceptos —prosigue—. Por ejemplo, un motorcito o una lamparita de la calle que anda mal, que hace un ruido que es molestísimo: ¡¡¡¡EEEEEEE!!! —emula con un fuerte sonido nasal—, de golpe tenés un grillo a la noche que hace eso, pero como es un grillo no molesta. ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?: la idea, la idea de lo que es una cosa y lo que es la otra. Entonces oigo todo, oigo mucho y percibo muy claramente todo lo que está pasando, todos los ruiditos”.

De hecho, la entrevista de hoy me llamó la atención porque me preguntaron si no tenía problema en que fuera solo audio y no videollamada, lo cual me lleva a preguntarte si ante toda la invasión de videollamadas y estímulos visuales, ¿la música tendría que recogerse a su hábitat natural que es el sonido?

– Absolutamente. Me acuerdo cuando me empezó a ir bien, hace como 15 o 16 años, que empecé a salir de gira y todo eso, que mucha gente venía y me decía: ‘ay, yo te podría hacer imágenes, tendrías que proyectar cosas’. Y yo, a algunas personas se los dije después, dije: ‘si vos necesitás algo más de lo que yo te puedo ofrecer en el escenario, esta música no es para vos’. Porque justamente lo lindo de la música, de la abstracción de la música y su propio universo es que incluye un montón de imágenes que son para cada uno distintas. También es divertido hacer videos, pero me gusta hacerlos, no me gusta conocer una canción con su video, por ejemplo. Quiero ver cómo es la canción, porque a lo mejor está llena de videos super recontraproducidos, que no sé si te gustan, pero por lo menos te impactan, y ya te hacen perder por completo la perspectiva musical de esa canción. Me parece que es todo para el mercado de la música, y bueno, yo me puedo hacer mucho la jipi, pero necesito también ese mundo porque finalmente vivo de eso. Pero si fuera por mí, yo no tendría ni un video de nada, y haría los shows casi a oscuras para que sea más un momento de trance. Me parece que cuando hay tanta explosión visual te aleja de la pureza y de la música misma.

Ya que eres alguien muy atenta a los estímulos sonoros, dime, para finalizar, ¿Cuál fue el último sonido que escuchaste antes de irte a dormir y el primero al despertar?

– En general, como yo me acuesto muy tarde, es el mismo sonido: el zorzal, que es el primero que empieza a cantar en la mañana, pero empieza a las 3 am, y yo lo oigo, medio que a veces es lo último que oigo, y anoche sí porque me acosté tarde. Y esta mañana no me acuerdo qué habrá sido… ¡Ah, sí!, fueron las patitas de un perro sobre el piso de madera.

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