Meridian Brothers, un mundo fuera de sí

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La historia de una de las bandas más sui generis de latinoamérica en una charla con su fundador: Eblis Álvarez.

Foto: Jesús Cornejo

Por: Oscar Adad

Te voy a encontrar y vas a llorar
Voy a entrar a tu casa
Voy a llenar tu bolso de arañas
Te voy a encontrar y vas a llorar
Agresivas mascotas te voy a comprar
Con cerveza podrida te voy a emborrachar

Meridian Brothers. La gitana me ha dejado (salsa electrónica)

La cosa iba tranquila hasta que llegaron estos cinco tipos y subieron al escenario. Cuatro hombres y una mujer que, al verlos, uno pensaría inmediatamente que son parte de una orquesta de salsa por su colorida vestimenta. Se acomodan tras sus instrumentos, arrancan con la música y ¡pum! El cerebro empieza a sentir vértigo tratando de buscar respuesta a lo que tocan mientras el cuerpo inconscientemente baila en reversa y los ojos se salen de sus órbitas. El sonido, que parece provenir de la música tropical, la electrónica y lo experimental, lo complementan historias dislocadas narradas por un cantante que cambia de personalidad canción tras canción. De repente, los músicos ya no son músicos, sino una parvada de estridentes aves que sobrevuelan el escenario. Esto no es un concierto, es un tiempo y mundo aparte, es el mundo de los Meridian Brothers.

Meridian Brothers es uno de los grupos más sui generis de la escena independiente latinoamericana actual. “Orgullosamente raros”, los llama Rockdelux; “Si The Residents hubiera nacido en Colombia se llamarían Meridian Brothers”, afirma el sitio Jeneisapop. No se equivocan, lo suyo es algo distinto. Su sonido va más allá de una simple fusión de música tropical con música contemporánea. “Una conclusión un poco obvia, pero no es así”, me dice al respecto Eblis Álvarez, creador del proyecto.

Flaco, 39 años, de aproximadamente 1.70 de estatura, tez blanca, cabello café obscuro, corto y ondulado, de bigote y barba tupidos, usa anteojos cuadrados de pasta transparente que le cubren casi la mitad del rostro y que resguardan una mirada alerta y perspicaz. Es temprano por la mañana y él se encuentra de gira en Brasil con otra de las en bandas en las que participa: Los Pirañas.

“El sonido de Meridian Brothers surgió como inquietud y reflexión constante acerca de quién era yo como colombiano y latinoamericano con respecto al mundo –relata-. Fueron reflexiones más filosóficas pero tenían implicaciones en el resultado musical. En alguna época estuve meditando sobre olvidarme de todas las cosas que había aprendido y crear un nuevo sistema musical. Cuando saqué el primer disco (Meridian Brothers V, el advenimiento del castillo mujer. La Distritofónica, 2005) yo pensaba en el concepto como una nueva música folclórica inexistente. Y esto ha cambiado y seguirá cambiando, es lo que me hace hacer álbumes nuevos”, afirma.

El bagaje sonoro de Álvarez es rico, cuenta con estudios de composición clásica, jazz y música electrónica, la cual cursó en Dinamarca. Por otra parte, la casa de sus padres fue una fuente importante de música tropical durante su niñez y adolescencia, además de escuchar cosas propiamente de un joven de la época, como el rock anglo y el naciente movimiento de rock en  español. Quizá por ello, decir que la música de Meridian Brothers es una “fusión”, sea la salida más fácil para tratar de describirla. Nada más equivocado.

“Una vez que maduré como compositor o lo que me hizo madurar –cuenta-, fue el hecho de hacerme consciente de cuáles eran mis búsquedas a muchos niveles: desde la parte espiritual, la parte funcional de esta música, de las meditaciones que tuve de los géneros musicales, y la parte de los componentes esenciales de la música que son casi siempre los mismos: timbre, ritmo, melodía, armonía y la instrumentación. Entonces yo no pensé “voy a fusionar Mozart con Soda Stereo”, proyectos así se han visto en la historia. Sino al hacerme consciente de estos elementos, yo lo que quise fue crear una música popular que tuviera ciertas especificaciones dentro de todos estos parámetros”.

Sin embargo, la relación de Eblis con la música popular y tropical tuvo altibajos. En algún punto de su juventud, cuando se dedicó a estudiar formalmente, se separó de estas músicas por prejuicio. “En Bogotá se tiene la idea de que si uno va a estudiar música debe ser con las verdaderas músicas” -relata-. Esta cultura latinoamericana de siempre aspirar a subir. Y una de las cosas que pasaban, obviamente, era demeritar la música popular porque era algo de más bajo nivel intelectual o económico”.

Posteriormente reconsideró los estilos populares desde el punto de vista de su función social. Le llamaba la atención el espectro que lograba cubrir la música popular con respecto al jazz o a la música erudita. Eblis recuerda claramente el momento en que decidió volver a escuchar rock. Una experiencia fuerte. Sucedió durante un concierto con su ensamble de free jazz en la Universidad Javeriana al que asistieron más o menos diez personas, tenía 19 años.

“Estaba tocando una cosa tan dogmática con la improvisación que sonaba horrible; pero estábamos bajo una especie de manto de aceptación de la academia. Es decir, éramos músicos más o menos reconocidos, sabíamos que habíamos estudiado muchísimo; sin embargo, lo que hacíamos era horrible y nadie lo escuchaba, solo la gente muy especializada. Ahí fue donde toqué fondo y dije, un momento, esto no puede ser. Si el arte es comunicación, si el arte musical es una especie de manejo temporal de algún tipo de espiritualidad, esto no puede ser el arte que yo estoy buscando. Y fue que empecé a escuchar otra vez a Soda Stereo”, dice con una sonrisa.

Paralelo a esto, Eblis formó parte del Ensamble Polifónico Vallenato, agrupación fundada por Javier Morales y pionera en explorar la música tropical colombiana desde un punto de vista experimental. Eblis estaba en el grupo un poco por chiste (mamar gallo, dicen en Colombia; echar desmadre, decimos en México), pero al escuchar una conferencia del compositor uruguayo Coriún Aharonián, cambió su perspectiva de la música tropical.

El uruguayo planteaba una reflexión parecida a la de Álvarez en relación a quiénes somos y el cómo afrontar nuestra música latinoamericana. “Exponía la teoría de que Latinoamérica es una periferia de la modernidad y del real centro emanador de los sistemas económicos y culturales que son Europa y Estados Unidos y criticaba un poco esto”, relata. “Y con ejemplos musicales presentaba a trovadores como Leo Maslíah y Jorge Lazaroff que en Uruguay son bien contundentes con este tipo de canción, y daba la casualidad que yo estaba tratando de desarrollar un tipo de canción. Me marcó mucho esta conferencia, empecé a tomarme más en serio al Ensamble Polifónico Vallenato, y desde ahí empecé a vincular lo que hacía con Meridian Brothers -que era una especie de rock en español pero con unos componentes jazzísticos e improvisativos- a las músicas populares colombianas tratando de encontrar una especie de nuevo sonido que tardó casi cinco años en hacerse”.

Aunque Meridian Brothers arrancó en 1998-1989 con Eblis en la composición y en la grabación de todos los instrumentos y, pocos años después, durante su estancia en Dinamarca, empezó a sonar esas piezas en vivo con su ensamble Sonora 3, no fue sino hasta su regreso a Colombia que Meridian Brothers, para los actos en directo, adoptó la alineación que permanece hasta la fecha y con la cual se consolidó el proyecto: Alejandro Forero (electrónica), César Quevedo (bajo), María “Mange” Valencia (sax, clarinete, sintes y percusión) y Damián Ponce (batería) y el propio Eblis (guitarra, electrónica y voz). Actualmente el grupo cuenta con seis álbumes de larga duración, tres sencillos y una compilación de lo más representativo de su trabajo. El material, en su mayoría, está editado bajo el sello La Distritofónica, Soundway Records y Staubgold.

Al escuchar la discografía de Meridian Brothers uno se topa con un cantante y contador de historias desenfrenado y con diferentes personalidades. La voz es un elemento que juega con el escucha y aporta al mundo sinsentido de los bogotanos. Eblis en principio no es cantante, cuenta que le iba muy mal en sus inicios, pero obtuvo su identidad gracias a la ávida escucha de la salsa y el dejo de ciertos cantantes de vallenato.  “Empecé a desarrollar desde el timbre hasta la manera en que teatralizan su gestualidad”, recuerda.

Sin embargo, el espíritu cambiante del proyecto lo hizo cuestionarse sobre el protagonismo que empezaba a tener la voz. “Si bien la voz es un elemento superbonito tengo muchas inquietudes musicales; incluso la música instrumental me gusta mucho –su último disco Los Suicidas. Soundway, 2015, es prácticamente instrumental-. Entonces ahí fue cuando cambié el concepto de la voz. Ya no va a ser Eblis Álvarez cantando en el centro de esta banda, sino una serie de personajes, y esto me viene mucho mejor porque multipliqué mis creatividades”, afirma.

El delirio de Meridian Brothers lleva consigo grandes dosis humorísticas. La burla está ahí todo el tiempo, en las historias y en la sonoridad misma. Pero el sentido del humor no es algo que busque conscientemente. De hecho, Eblis resalta que el humor es inherente a las músicas folclóricas a diferencia de la solemnidad que predomina dentro de la cultura del rock anglo. “Hay muchas excepciones –dice-, pero el centro de la música anglo, que es la que emana la cultura de esa colonialidad modernidad, es en un setenta u ochenta por ciento solemnidad, y seguimos un poco en la misma lógica porque al preguntarme esto me estás diciendo: “es muy particular que uses humor”. Pero realmente el humor es un componente muy importante en las músicas folclóricas, es una cosa casi diaria. Cuando uno escucha músicas urbanas en Colombia, orquestas de salsa, bugalú o la escuela jamaiquina, el humor no es una cosa extraña, la teatralidad, salirse de sí”.

Salirse de sí. Es precisamente el eje por el que rota el mundo de Meridian Brothers y en el que habitan, no cinco músicos, sino diversos personajes. Eblis dice que han adoptado esta idea porque en la música popular se da por sentado que uno es uno. “Es decir, un trovador, un cantante por lo general: él es él –dice con especial énfasis-. No es el caso de Meridian Brothers. Al asumir este rol de personajes, yo o nosotros, somos diversos animales, perdedores, ganadores, perdedores que se creen ganadores, divas de la ópera, criaturas míticas. Entonces requerimos estar cambiando nuestra identidad, sobre todo yo que soy el cantante”, sostiene.

Meridian Brothers desde hace poco tiempo tiene reconocimiento en otros países. Cada vez son más largas sus giras por Europa y al ver en Youtube sus participaciones en distintos foros y festivales se nota una audiencia en aumento. Sus discos editados en la disquera inglesa Soundway y la alemana Staubgold han hecho que su música tenga mayor visibilidad en el circuito europeo. Sin embargo, en Colombia, parece ser que todavía son poco reconocidos. Eblis es optimista al respecto y aprovecha para hablar del caso de Brasil que es donde se encuentra al momento de nuestra charla.

“Lo que está pasando con nuestro proyecto es que hay una creciente audiencia de gente joven que está fuera de ciertos prejuicios que ya se habían construido en Colombia, un país que tiene cierta timidez para aceptar cosas nuevas o cualquier nuevo paradigma. Aquí en Brasil es una cosa impresionante, son consumidores masivos de su propia música, todo lo que suena, todo lo que se vende, tienen sus leyendas muy establecidas. Eso no lo tenemos en Colombia, lastimosamente, pero está creciendo con las nuevas generaciones”.

Insisto en el tema y le pregunto a Eblis qué piensa de una frase del periodista colombiano Juan Carlos Garay quien dijo que la música de Meridian Brothers “no es música que pongan en nuestra radio”. Es hábil con su respuesta.

– No sé por qué dijo eso. Meridian Brothers tiene un formato de estéreo que es para tocar en radio. O sea, si uno pone nuestros discos, van a sonar en el radio. Yo creo que es el curador el que no pone el disco. En la radio ha sonado hasta 4:33 de John Cage, ¡que no suena!

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