Las lágrimas estridentes de TVL REC

Desde Buenos Aires llega TVL REC, sello discográfico de música experimental latinoamericana. Les presentamos una entrevista con dos de sus fundadores y seis reseñas de su amplio catálogo.

Por Oscar Adad y Mirna Castro

Di con ellos en 2020, en plena pandemia: ciudades desiertas por los confinamientos, un clima de paranoia, salud mental agarrada de alfileres y, en medio de ese decadente episodio mundial, me encuentro con que, desde Buenos Aires, se lleva a cabo un festival de música extrema en línea que trataba de apoyar a la comunidad artística de distintos lugares del mundo. Unos náufragos en un intento de supervivencia.

La chelista Violeta García (AR) y el bajista Carlos Quebrada (CO) eran parte de ese entramado con su sello discográfico digital TVL REC, plataforma fundada en 2017 junto con su colega peruano Camilo Ángeles, que da cabida a distintas corrientes de la música experimental latinoamericana.

TVL REC arranca como consecuencia —y con la misma idea de apertura— de la actividad que tenían Carlos y Violeta como productores y curadores de series de conciertos. Te veré llorar es el ciclo de música en vivo que realizaron de forma mensual durante cuatro años, hasta el 2020 que migraron al streaming y unieron esfuerzos con el ciclo RUIDO para realizar el Streaming Fest, un encuentro de importantes improvisadores alrededor del mundo.

“La idea de Te veré llorar fue siempre armar una programación de tres o cuatro grupos que fueran de diferentes palos y todos con una voz muy original y muy especial. Confluían esa misma noche públicos que iban a ver al artista sonoro y se encontraban con los del punk, y que después escuchaban algo más contemporáneo. Eso estaba buenísimo. La mezcla que se hacía de generaciones, estética y estilos, es lo que nos gustaba”, relata Violeta.

Durante un tiempo, Carlos y Violeta se fueron a vivir a Bogotá, ciudad que por estar recién llegados, les ofreció tiempo para iniciar TVL REC. Primero empezó como un espacio para su propia música y poder compartirla. Sin embargo, la idea fue creciendo hasta tener más de cincuenta producciones de distintos artistas hasta la fecha. “Mientras sea música nueva, música creativa y proyectos que estén en actividad o artistas que estén en una búsqueda, que tengan una voz personal y original —apunta la chelista sobre el enfoque del sello—. Por eso hay cosas noiseras, de improvisación, electrónica y acústica”.

Con esta idea han expandido su catálogo de artistas de diferentes países latinoamericanos, como Perú, Colombia y México, por mencionar algunos. Sin embargo, ha sido un trabajo de viajar a las distintas ciudades a realizar presentaciones en vivo y tejer redes de colaboración, tal es el caso de Lima y Bogotá, donde desde hace varios años van a tocar, editar discos y generar vínculos con los músicos locales. “La idea es ir abriendo la cancha lo más posible”, dice Carlos.

“Hay una escena muy grande —agrega Violeta—. Poder entender las diferentes escenas y que haya como un circuito más armado entre sellos y lugares. Para mí los improvisadores y la música nueva y experimental de Latinoamérica tienen una voz, ahora en el siglo XX-XXI, muy especial y muy original. Uno siempre está mirando para Nueva York, Berlín, y me parece que lo que está pasando allá, como en toda Latinoamérica, es tremendo”.

Así, TVL REC se inserta en la hoja de ruta de los sellos discográficos que ofrecen un amplio panorama de las nuevas inquietudes dentro de la música experimental latinoamericana. Sus grandes aciertos son la diversidad y curaduría, casi todo lo que uno decida escuchar tiene una propuesta profunda y con personalidad.

A continuación les presentamos una selección azarosa de seis discos que los harán llorar.

****

Por el simple gusto al número me fui primero con el material TVL 005 de Monótonos Truenos con el disco titulado Infierno piso 6, conformado por Violeta García (AR), en chelo y preparaciones y Carlos Quebrada (CO), en bajo eléctrico, tabla para picar y no-input mixer.

Violeta y Carlos nos sumergen por poco más de media hora en sus exploraciones sónicas, comenzando con un track donde el bajo y el chelo toman el protagonismo entre el golpeteo y el tallado de cuerdas, una pieza meramente de improvisación entre ambos músicos. El disco se compone en total por doce temas que te van adentrando en un sonido ecléctico, entre diferentes formas de tocar, percutir, y explorar las múltiples sonoridades de sus instrumentos.

Continuando con la exploración del sello TVL REC, me detengo ahora en el TVL 018, con un álbum titulado HUM, de un ensamble homónimo, Hum, un cuarteto conformado por Silvan Schimd (CH) en trompeta, Jędrzej Łagodziński (PL) en saxofón, Nataniel Edelman (AR) en piano y Max Santner (AT) en batería. Dicho material fue grabado en BeJazz TransNational 2018 en Berna, Suiza, un proyecto que promueve colaboraciones musicales transfronterizas entre músicos.

Al puro estilo del free jazz, estos músicos presentan cuatro tracks de larga duración, donde podemos apreciar un diálogo entre cada uno de sus instrumentos, si bien inician muy minimalistas con los alientos con una que otra nota del piano acompañándolos, poco a poco la batería se va sumando, incrementando la intensidad de los demás músicos creando una atmósfera sonora para el deleite del escucha.

Por último, buscando un poco más de sonoridad de mujeres latinoamericanas, me dispuse a escuchar el TVL 051 DESCIENDE donde participa Concepción Huerta (MX), en electrónicos y Camilo Ángeles (PE) en flauta y procesos, disco por el cual conocí a Camilo a finales de 2021 y poco después pude escucharlo en vivo.

La flauta y los procesos electrónicos de ambos artistas nos ofrecen un ambiente inmersivo, sonidos bajos un poco escalofriantes. La atmósfera oscura generada a través de la improvisación con medios electrónicos, nos “desciende” a una profundidad onírica, quizá hasta tétrica, que no dejas de disfrutar track con track. El trabajo y la comunicación de ambos artistas es muy notoria en este gran disco.

Seguiré escuchando el resto de los TVL’s, pero por ahora me quedo con un gran sabor de oreja de las distintas publicaciones que pude descubrir.

Mirna Castro

****

Es mi turno en el juego de la numerología. Lanzo los dados y caen en TVL 052. El disco se llama Magiclick, de un tal Ivan Klomp, quien se hace cargo de todos los instrumentos.

Así, sin más, le doy Play. ‘Ahora vas a ver’, se llama el primer tema, una advertencia de lo que viene. Y arranca una música que oscila entre la electrónica y los instrumentos acústicos. Una especie de música de videojuegos retorcida y sofisticada al mismo tiempo que solo podría gestarse durante una madrugada en pandemia. Uno escucha este álbum y se imagina a Iván en su habitación a las 3 de la mañana, instrumentos regados por todos lados, bolsas vacías de papas fritas, una computadora portátil con la pantalla rota, una consola de videojuegos hackeada, un televisor de caja que reproduce sin parar capítulos de Los Simpson, e intricadas ideas sonoras que vuelan frenéticas alrededor de su cabeza cual fantasmitas en busca de engullir a Pac-Man.

Me da curiosidad quién es este tipo y casi de inmediato encuentro su cuenta de Instagram. Y ahí está. Un geek en apariencia centennial, rubio y flaco que me observa (esto ya se convirtió en un problema personal) con una miradita inocentona mientras se hace el que no rompe un plato. Pero él sabe muy bien lo que sucede en esa habitación a la que solo espera volver luego de la foto familiar. Mi deseo es que permanezca ahí el tiempo que quiera mientras nosotros nos dejamos absorber por su mundo sonoro en formato de videojuego de alta resolución. Un disco encomiable.

Agito de nuevo los dados, lanzo, y señalan TVL 035. Blanco Teta Incendiada

Cada vez es más difícil encontrar una banda de rock que erice los pelos. Pero Blanco Teta es una de ellas. Para no entrar en problemas innecesarios, vamos a catalogarla dentro del rock con sus guiños a la improvisación libre, al punk y al ruido. Lo que importa es que es un sonido intenso que engancha los oídos con rapidez y electriza al cuerpo, lo que convierte sus conciertos en una danza zombie divertida y desenfrenada.

Pero ya me arrepentí. Mejor sí entremos en problemas innecesarios del por qué el sonido de la banda es como un imán para las neuronas. Para empezar, omiten a ese ente que es uno de los arquetipos del género: el guitarrista (en su lugar hay un chelo). No conformes con ello, y aunque tiene cantante en la alineación, ese rol a veces recae en Violeta García, apoyada en coros por Carola Zelaschi (chelista y baterista, respectivamente). Es decir, el papel de la voz no es el tradicional en la cultura del rock en la que todo gira alrededor de una sola figura vocal.

Por ello, Blanco Teta suena potente y llena de frescura. En otras palabras, la banda le da la vuelta a la cultura del género: hace un lado las individualidades en favor del colectivo, involucra en un papel relevante a un instrumento cuyo hábitat natural es la música de concierto, y encima de todo, en su mayoría está conformada por mujeres. Cómo la ven.

Tiene dos EP editados en el sello y si buscan a su nueva banda de rock favorita, dejen de hacerlo, aquí la tienen. Blanco Teta es: Violeta García, Carola Zelaschi, Josefina Barreix y Carlos Quebrada.

El último tiro cae en TVL 025- Guido Kohn y Sofía Salvo. Reiki y plusvalía se llama el disco.

De entrada, me gusta que el álbum apela a un tipo diferente de escucha, es decir, hay que estar muy atento a las minucias sonoras ya que se trata de un material a saxofón barítono y chelo. Todo acústico y sin ningún tipo de proceso electrónico. Aquí el viaje es atender plenamente cada detalle en el timbre, el sonido natural que puede emerger de cada instrumento —incluso los movimientos de los músicos y sonidos de la sala que se perciben con audífonos—, para luego, si se quiere, ir por el discurso que tejen Sofía y Guido a través de la composición instantánea.

Las improvisación libre es un territorio complejo de abordar porque depende de las sutilezas de la escucha de los intérpretes, del público, y de los estímulos externos para lograr profundidad en el diálogo. Sofía y Guido la tienen difícil por ser solo dos y porque, además, deciden hacer improvisaciones pausadas o de baja intensidad, por llamarlas de alguna manera. Sin embargo, ahí está también su fortaleza: afilan aún más su proceso de escucha y proponen ideas muy atractivas en cuanto a discurso y exploración tímbrica. No sé si se conozcan o no, pero al menos, en esta grabación, lograron hacerme pensar que llevan vidas tocando juntos.

Oscar Adad

Dejar un comentario

Anterior

Antonio Sánchez, el regreso del Bad Hombre