El alegre sabor de Minyo Cumbiero

De Bogotá a Tokyo y de regreso. El viaje de la cumbia para encontrarse con la música ancestral de Japón y sabrosos ritmos bailables. La historia de la colaboración entre la banda colombiana Frente Cumbiero y la japonesa Minyo Crusaders.

Foto: Julián Umbacia

Llueve y se me cae el maquillaje,

por favor, cómprame una sombrilla, mujer tigre

¿Qué compró ella para ti?

Me compró un polvo de arcoiris para la cara y una sombrilla.

Tora Joe, minyo japonés.

Por Oscar Adad

Es inevitable no subir el volumen al escuchar esta música. Más difícil aún es no bailar. Pero también la imaginación despierta curiosa con esta singular mezcla de la cumbia con los cantos ancestrales de Japón, aderezada con otros ritmos como el dub y el dancehall provenientes de Jamaica, matices de reguetón, chicha peruana y música de videojuegos. Esta música es más que música, es una travesía en el tiempo e historia de dos culturas a más de 14 mil kilómetros de distancia que se degusta mejor a volumen alto y moviendo el cuerpo. Esto es Minyo Cumbiero, la colaboración entre la banda colombiana Frente Cumbiero y la japonesa Minyo Crusaders.

Son las 11 de la mañana en ciudad de México y Bogotá. Es lunes 13 de julio en medio de la pandemia del coronavirus. Ese día, la capital colombiana amanece con nuevos y estrictos confinamientos por localidad. “Está disparado, hermano. La ciudad está al 85% en cuarentena”, me dice Mario Galeano -fundador de Frente Cumbiero-, con voz preocupada mientras se afina el bigote con la punta de los dedos, acto que repetirá en varias ocasiones durante la entrevista que llevamos a cabo a través de una videollamada.

Mario pertenece a la generación de músicos bogotanos surgida a fines de los años noventa del Ensamble Polifónico Vallenato, grupo seminal para la vanguardia de la ciudad que ofreció una mirada fresca y aventurada a la música tropical y que dio pie a proyectos como Meridian Brothers y Los Pirañas (donde Galeano funge como bajista), de ahí se explica gran parte de su visión y acercamiento a la cumbia y ritmos tropicales.

– ¿Qué representa para ti esta colaboración con Minyo Crusaders?

– Es chévere cuando se juntan dos fuerzas así, con sus propias concepciones de la música tropical. Es una gran oportunidad de colaborar con el otro lado del planeta con una propuesta que une a dos movimientos que llevan mucho tiempo trabajando en el tropicalismo. Trabajamos con el mayor amor del mundo para hacer algo divertido y que tuviera sentido.

Cada proyecto es una pieza clave en su respectiva región para comprender el movimiento de la cumbia, las músicas tradicionales y su diálogo con los sonidos contemporáneos. Por su parte, el colombiano Frente Cumbiero ha trabajado por más de diez años y desde su primer álbum -en colaboración con Mad Professor– en investigar y llevar la cumbia a terrenos de la música electrónica, la música jamaicana, hasta llegar a encontrarse con la música clásica contemporánea del Kronos Quartet.

Por otro lado, Minyo Crusaders, aunque más joven, su gestación data del 2011, cuando su fundador Katsumi Tanaka, consecuencia del terremoto de ese año en Tohoku, reflexiona acerca de su vida, trabajo e identidad, lo que lo lleva a buscar música ancestral de su país con la cual identificarse y, gracias a su gusto por la música del mundo, descubre artistas como Hibari Misora, Chiemi Eri y Tokyo Cuban Boys, que lo cautivaron por sus excéntricos arreglos y la mezcla de los minyos (canciones ancestrales japonesas) con la música latina y el jazz. Años después, empieza a juntar músicos afines, amplía su búsqueda sonora y acompaña los minyos con estilos como el afrofunk, el reggae, la cumbia, el boogaloo, el thai pop, y da vida a los Minyo Crusaders.

La relación entre las bandas nació en las dos presentaciones que tuvo el Frente en el legendario festival Fuji Rock 2018 en Naeba, Japón, y que significó para los colombianos entrar al segundo mercado más grande de la industria de la música en el mundo después del estadounidense; y en el que de acuerdo a los números de la Recording Industry Association of Japan, en 2019, se produjeron 134 millones 302 mil unidades físicas (casetes, cd´s y viniles). “Una de las cosas más importantes para nosotros tiene que ver con el hecho de llegar a los gustos de, básicamente, la nación más consumidora de música del planeta. El nivel de melomanía del japonés promedio es muy superior al de muchas otras naciones y eso le ha ayudado mucho a la cumbia en los públicos internacionales, porque siempre la música de Latinoamérica para el resto del mundo era Cuba o Brasil”, explica Galeano.

La estancia en Japón del Frente Cumbiero fue tan solo de una semana, pero le permitió estar más cerca del movimiento tropical nipón, hacer tres conciertos extra y atar cabos acerca de la llegada de la cumbia a la isla. Mario me cuenta sobre los primeros viajes de la banda de Los Angeles, Very Be Careful, a Japón entre 2010 y 2012, además de su hipótesis que sostiene que la cumbia pudo haber entrado vía Jamaica. “Los coleccionistas japoneses barrieron comprando viniles en ese país lo que hizo que naturalmente se diera la llegada del género”, señala.

Asimismo, atestiguó algo que le llamó mucho la atención. “Sabía que los japoneses estaban comprando discos porque acá (en Colombia) ya se empezaba a escuchar que había venido un japonés a llevarse cosas, pero me sorprendió muchísimo que en los toques que hicimos allá (en Japón), y que siempre había Djs acompañando, todos tenían discos rarísimos en 45 RPM, prensa de (Discos) Fuentes, cosas que se ve que ya llevaban un buen tiempo escarbando; entonces sí debe ser algo que desde hace unos 10 años empezó a abrirse su espacio”, relata.

A su regreso a Bogotá, Mario continuó la relación que había tejido con Minyo Crusaders; le mostró su material a los organizadores del festival Colombia al Parque, quienes decidieron invitarlos a la edición del 2019, visita que aprovecharon para grabar los cuatro temas que componen el material.

Al principio, Galeano propuso componer temas nuevos, a lo que los nipones respondieron que la banda estaba interesada en temas tradicionales. Bajo esa premisa confeccionaron entonces un repertorio entre la cumbia, canciones ancestrales japonesas y la música de videojuegos: “Cumbia del Monte Fuji(versión en japonés de “Cumbia del Monte“, popularizada por Pedro Laza y sus pelayeros) y “Mambonegro Dai Sakusen” (tema inspirado en la música de videojuegos), elegidas por los colombianos; y “Tora Joe” y “Opekepe” (ancestrales niponas), por los japoneses.

Pregunto a Mario acerca de la aproximación entre lenguajes musicales aparentemente distantes tanto en épocas como en geografía. “En realidad no están tan alejados como uno piensa. Todo esto es ancestral. Hay un uso muy presente de lo pentatónico en la música de ellos, entonces musicalmente no es tan complicado hacerlo. En Latinoamérica, sobre todo en Sudamérica, también tenemos la cultura del uso de la pentatónica muy fuerte, como en las músicas peruanas y la gaita colombiana. Entonces, muchas de esas melodías ya las conocemos porque tienen que ver con el flujo de información musical que llegó por el Estrecho de Bering, en los barcos de Europa, de África. Todo esto es una red mucho más compleja de lo que siempre nos quieren hacer ver y nosotros somos mucho más cercanos de lo que nos quieren dejar ver también”.

Por su parte, en una entrevista para Frank Kinsey del sitio Sound and Colors, el guitarrista y líder de Minyo Crusaders, Katsumi Tanaka, explica que dentro de la gran variedad de minyos ha encontrado que varias de ellas son compatibles con la cumbia, justo por las melodías pegajosas. “Como guitarrista crecí escuchando mucha música occidental y cuando escucho minyo, en lo primero que me enfoco es en la melodía. El minyo tiene una pequeña guitarra llamada shamisen; a veces copio la melodía del shamisen en mi guitarra, resulta pegajosa, y a menudo hay correspondencia con la cumbia de alguna forma”.

Dos días en el estudio.

La grabación se llevó a cabo el 28 y 29 septiembre de 2019. El primer día, dedicado a montar y ensayar los temas; y el segundo, a grabarlos. Para Katsu fue un poco distinto: “el primer día comimos y el segundo grabamos”.

“Escogí un menú con sabores muy colombianos. Queríamos que probaran la comida típica hogareña, de la mamá, de las abuelas”, cuenta Irene Maldonado, directora de 33 recetas, red de amigos análoga que se conoce cocinando, y encargada de la comida para la grabación.

“Me acuerdo llegar con toda la comida y, mientras servía y calentaba, ellos estaban arriba tocando durísimo y eso sonaba muy bueno; me acuerdo mucho que se me ponían los pelos de punta todo el tiempo”, relata.

El menú elegido por Irene consistió en sudado de pollo, lasagna de plátano maduro -plato típico de República Dominicana fusionado con la gastronomía colombiana- y un asado. La bebida fue el refajo, bebida a base de cerveza y Colombiana, que es la soda típica de Colombia.

“El asado fue muy divertido porque algunos de los chicos japoneses se ofrecieron a hacer el guacamole, otros a prender el fuego, Mario también se encargó mucho del asado. Fue muy bacano porque el lenguaje que maneja Mario es muy de Colombia y eso me pareció muy valioso porque ver las dos raíces, japonesas y colombianas, fue interesante. Y tampoco nunca en mi vida me hubiera imaginado que hubiera una banda japonesa que hiciera cumbia”, me cuenta.

Katsumi Tanaka, fundador de Minyo Crusaders / Foto: Julián Umbacia

Mientras Irene preparaba los alimentos, el mexicano Daniel Michel, ingeniero de sonido y director de Mambo Negro Records, estudio donde se llevó a cabo la grabación, trabajaba todos los detalles para obtener una buena captura del audio.

El material fue realizado con todos los músicos en vivo y en bloque, sumando un total de 17 personas en una sala que a su máxima capacidad recibe a no más de 10. “Digamos que dependiendo el tamaño del proyecto es el número de problemas que se pueden llegar a tener”, me explica.

El trabajo de Michel fue desde elegir y colocar el micrófono adecuado a cada instrumento, enviar señal de monitores a cada uno de los 15 músicos para que pudieran escuchar lo que interpretaban -creánlo o no, es el 50% de una grabación, advierte-, montar una consola extra por el tamaño del combo, hasta improvisar soluciones como crear páneles de separación entre los músicos para evitar el efecto de spill, que es cuando un instrumento está muy cercano a otro e interfiere en su microfonía.

“Todo eso sucedía mientras ellos repasaban los temas -cuenta- y, como son unos monstruos musicales, no los repasan 20 veces como para tener tiempo de aprenderse bien quién va a hacer un solo o cuál es el orden; entonces, una de las cosas en las que tuve que poner mucha atención, era sobre cómo estaba construido el tema para destacar los instrumentos que había que destacar en determinados momentos. La primera toma era como para resolver, hacerla de nuevo y entender cómo iba la cosa”.

“Todo es grabado en bloque y al tiempo, no hay overdubs -agrega Mario– y eso definitivamente le da un ponche extra. Y la energía que se crea en el estudio como la buena actitud, la buena onda, la felicidad, digámoslo así, es algo que, estoy seguro, también se captura con los micrófonos. Es como un duende que aparece y se mete dentro del disco y creo que con esta grabación se logró así”.

– ¿Con tan poco tiempo para la grabación, cómo se obtuvo la personalidad musical que se escucha en los temas? – pregunto a Galeano.

– Si bien en términos prácticos fue muy poco tiempo, esto lo venía pensando con Katsu 8 meses antes. Tiene que ver también con la madurez a la hora de abordar los proyectos. De trabajar tanto tiempo, escuchar muchas cosas, conocer el trabajo de ellos. Y fue simplemente ponernos a tocar, lo que sabemos hacer, sin pretensiones extras. Afortunadamente se dio esa buena vibra que quedó capturada muy bonita: el arte quedó del putas, los videos quedaron súper, entonces todo eso es parte del paquete que nos deja este material.

Y es que esa felicidad de la que habla Mario puede constatarse al escuchar las canciones y ver los videos, testimonios de una profunda experiencia humana que nos dice que no estamos tan lejos de lo que parece. Sin duda, el sabor de Minyo Cumbiero es alegría y felicidad tan necesarias en la vida, y más aún, en tiempos de pandemia.

Minyo Cumbiero es: Fredy Tsukamoto (vocales); Mario Galeano (bajo, moog, guacharaca); Katsumi Tanaka (guitarra); Pedro Ojeda (timbales, alegre); Meg (vocales); Marco Fajardo (clarinete, saxo tenor); Moe (efectos y teclados); Sebastián Rozo (bombardino, vocales); Mutsumi Kobayashi (bongos, máquina de ritmos); José MiguelEl Profe Vega (trombón); Shoji Ishiguro (bajo); León Pardo (gaita, trompeta) Irochi (congas); Koichiro Osawa (saxo).

Puedes escuchar el disco aquí.

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