Vladimir Medina, los niños de la pandemia

Para el pianista y compositor radicado en Tlahuitoltepec, Oaxaca, tener un hijo en una situación como la que se vive por la pandemia, ofrece una esperanza en medio de la obscuridad.

Foto: Jesús Cornejo

Por @malariasonora

Vladimir Medina es gestor cultural y músico. Ha desempeñado una importante labor en la difusión de la música mexicana de concierto y el desarrollo de grupos orquestales de niños y jóvenes de distintas realidades sociales con énfasis en zonas indígenas.

Cursó las licenciaturas en Derecho (2000-2004) y Música (1996-2006) en la Universidad Veracruzana graduándose con mención especial de esta última; y el Diplomado en Gestión Cultural impartido por el CONACULTAINBAIVEC (2004).

Como director musical, pianista y productor artístico ha formado parte de los invitados de prestigiados eventos en México como la presentación del disco XËËW en el Palacio de Bellas Artes; Cierre de campaña del Programa BÉCALOS, Fundación Televisa; Recepción de embajadores de la ONU Oaxaca 2011; Coloquio Patrimonio inmaterial UNESCO; 54 entrega de los Arieles; Festival Internacional Tamaulipas; Cumbre Tajín; Festival de Música de Cámara de San Miguel de Allende; ARTESCENICA Coahuila; Festival Luces de Invierno CONACULTA; JALISCO JAZZFEST Tónica; Festival Eduardo Mata, entre otros.

Ha sido académico de la Universidad Veracruzana en la Facultad de Música y el CIMIVeracruz; Escuela Superior de Música de Matamoros, Tamaulipas; y del Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe en Oaxaca.

Colaboró musicalmente con artistas como: Juan José Calatayud, Horacio Franco, Roger Bobo, Natalia Lafourcade, Todd Clouser, Nur Slim, Troker, Mardonio Carballo, Lila Downs, Ely Guerra, Hello Seahorse!, Monocordio, Adrián Terrazas, John Medeski, y Coro Air France.

En 2014 participó en la redacción del posicionamiento del X Encuentro Cívico Iberoamericano, documento base del pronunciamiento de los jefes de Estado en la Cumbre Iberoamericana; en 2015 ganó el premio “Pantalla de cristal” por mejor música original para el programa La Raíz doble de Canal 22. En Oaxaca coordinó el proyecto Nuevos Ensambles de Música de Cámara de Oaxaca con el Festival Eduardo Mata y ha sido ganador del Programa de estímulos para la creación y desarrollo artístico 2017.

Actualmente es director de la Orquesta Sinfónica Santa Cecilia, proyecto artístico social en la zona del vertedero de deshechos de los municipios de los valles centrales de Oaxaca.

– ¿Cómo has vivido el confinamiento? ¿Qué consecuencias te ha traído?

Aunque definitivamente ha sido un golpe brusco el tener que parar las actividades, el hecho de vivir esta contingencia en una comunidad pequeña como lo es Tlahuitoltepec, me dio la oportunidad de revisar ciertos aspectos creativos de mi trabajo. Quizá es correcto decir que, más que un confinamiento, ha sido un cese de la práctica colectiva de la música en la comunidad. Bajo estas circunstancias, los músicos han tenido que volver al trabajo del campo y en ese contexto hay espacio para la creación, que es la expresión más individual de la actividad musical en las comunidades de Oaxaca.

– ¿Qué ha significado para ti ser padre en medio de la pandemia?

Al principio fue la preocupación del mundo que le estaba entregando a mi hijo, pero cuando nació y empezó todo su proceso de crecimiento, sí ha sido una luz, una esperanza, una fuerza para tratar de que este lugar sea mejor para él y para todos los niños que vienen, los que están creciendo.

– ¿Cómo ha sido la experiencia de la paternidad y el trabajo en medio del confinamiento?

Éste es mi segundo hijo -tengo una hija de 8 años- y lo lógico es que los primeros momentos les dedicas toda la atención, entonces es difícil encontrar espacios para continuar con tu trabajo. He tenido la fortuna de trabajar mucho a distancia y hay que encontrar el tiempo para hacerlo: en la tarde, noche, madrugada, a la hora que se pueda. Si bien el trabajo no ha cambiado, la forma en que lo vives es otra; trabajas más cansado, pero también te da otro punto de vista, otra manera de administrar y percibir el tiempo.

Foto: Jesús Cornejo

Yo no sé si es la edad, pero siento que la experiencia de tener un bebé, tener el cuidado y estar atento a todo, se puede transferir a otras cosas de la vida. Tener cuidado con ciertos detalles y no dejar que el tiempo te presione para cuidar ese tipo de detalles en lo musical. Como que aprendes a ver con más profundidad, con más precisión y a valorar aspectos del trabajo que pueden ser más simples, pero más eficientes también en lo musical. Quizá podría decirse que llegas a una madurez artística o estética. Pero siento que la experiencia de tener que cuidar un bebé y estar al pendiente de todo -porque esa vulnerabilidad del ser se transfiere al trabajo artístico-, no creo que no influya. De entrada, te cambia toda la percepción del tiempo, abre otras sensibilidades, al menos en mi caso así ha sido. Nosotros estamos muy felices con nuestro niño y esa felicidad forzosamente va a reflejarse.

Y es curioso, porque cuando nació mi primera hija, yo también estaba lleno de trabajo, entonces igual fueron noches de desvelo. Recuerdo muchos momentos de estar cargando a la bebé en brazos y escribiendo alguna partitura o dando alguna clase. Y la convivencia que tienen los niños con la música en esos primeros momentos de la vida es algo que los va a marcar, lo veo con mi hija. Ella no está abordando la práctica musical como una disciplina en su vida, pero sí vive la música todos los días, sí lo tiene presente, es algo tan natural y tan orgánico en ella que no pensamos en que deba tomar una clase. Ella empezó a tocar la trompeta, pero ni su madre -que también es artista-, ni yo, influimos en ello.

– ¿Qué papel consideras que tiene la música en esta crisis?

Sabemos que la música sana, educa, tempera los ánimos y en la experiencia que vivimos en Tlahuitoltepec, percibimos su ausencia como un vacío en la vida de la comunidad, si bien estamos rodeados de otros sonidos – sobre todo de la naturaleza- la ausencia de la intervención humana y colectiva a través de la música, le resta algo a nuestra existencia.

– ¿Cuáles consideras que son los principales problemáticas que enfrentará la comunidad de músicos independientes en este situación inédita en el mundo? ¿Cómo resolverlas? ¿Cómo abordarlas?

Al limitarse la oferta de trabajo tal y como la conocíamos (presentarnos frente a un público), mi  reflexión va en el sentido de que durante mucho tiempo la tendencia era a que los músicos tuvieran una formación multiperfil, porque el mismo sistema te exigía  saber de muchas y diversas áreas, no todas  musicales: producción, publicidad, temas legales, contables, pedagogía. Quienes no entendieron esto, ahora tienen menos opciones en este escenario donde no podemos tocar o tenemos que hacerlo con menos personas a través de los medios tecnológicos.

– Al ser la música un agente que que históricamente fortalece vínculos e identidad comunitaria -y cuyo espacio natural es el espacio público donde se lleva a cabo la escucha colectiva-, al cancelarse ese espacio por el confinamiento, desde tu perspectiva ¿qué implicaciones tiene para la comunidad en su conjunto?

Ahora es difícil para la comunidad de Tlahuitoltepec. Una de las de las cosas más importantes aquí son las fiestas patronales, celebraciones que aunque tienen su componente religioso, suceden en torno a la música y ahora han tenido que cancelarse. Eso tiene impactos sociales y económicos muy fuertes. Se ha detenido esta actividad musical en vivo y se percibe esa ausencia en el pueblo.

Aquí siempre hay niños y jóvenes sonando sus instrumentos y ahora tienen que abordar su práctica musical desde lo individual, una manera diferente a como se hace normalmente en los pueblos de Oaxaca. Esta situación del confinamiento se atenúa por que dada naturaleza de la vida en los pueblos, una “sana distancia” sólo se rompe para la fiesta. En estas circunstancias la gente ha tratado de mantener sus actividades normales bajo ciertas precauciones y por esto mismo no tenemos una percepción tan dura de la situación.

– ¿Como creador qué papel juega la tecnología en el confinamiento? ¿Se reduce a hacer streaming en vivo? ¿No es momento de repensar la tecnología como un elemento estético en el trabajo artístico para generar una experiencia y vínculo con el escucha acorde a la situación y el medio digital, y no solo como herramienta de difusión “en vivo”? ¿Consideras que a través de la tecnología se podría generar un vínculo tan fuerte con el escucha como lo hace la música en vivo?

Por supuesto que usar la tecnología sólo para el streaming  sería muy limitado. Me parece que ya existe desde hace mucho tiempo esta tendencia de que la tecnología aporte estéticamente al arte, a la música. Creo que tal vez no está tan empleada a nivel masivo, tan desarrollada en ese ámbito, pero ya existe. Y sí, para la parte humana será difícil siempre esta falta de contacto físico, de acercamiento, de cercanía de los cuerpos. Nuestra cultura es de mostrar nuestro afecto de manera física. Esta parte creo que sí es difícil, no sé hasta qué punto la tecnología nos va a limitar o nos pone una barrera para este aspecto de nuestra cultura.

– ¿Qué opinas de la gran cantidad de contenidos gratis en línea que se están liberando tanto de grandes consorcios -como el Festival de Montreux- hasta los artistas independientes desde sus casas? ¿Qué pros y contras le ves a esto?

Pienso que en este tema pues es  ya una tendencia de la industria. Considero que también es una puerta abierta para revalorar desde la sociedad el trabajo de los músicos y de los artistas en general. Tal vez es momento de que empecemos a ver que compartir tus contenidos gratuitos nos abre a otro modelo de subsistencia del artista, que tal vez se aleja un tanto del negocio de la producción de capital económico, pero nos permite otras visiones para valorar de otra forma lo que hacen los artistas y que la sociedad pueda retribuir estás “compartencias” de alguna otra forma que no sea necesariamente monetaria.

Ejemplo de lo anterior, en el caso de los músicos tradicionales de Oaxaca, en algunos pueblos se les valora tanto que se les exenta de realizar ciertas obligaciones ciudadanas que tienen los demás de la comunidad, entonces es una forma en que la comunidad le retribuye al artista porque valora su trabajo y considera que necesita el tiempo para para seguir desarrollando su actividad musical. Esto  podría ser un camino.

Habría que explorar otras posibilidades a partir de esto que se percibe desde el punto de vista de la industria como tema de mercado, pero pienso que podría darse un enfoque social también, como una meta de bienestar común.

– ¿Cuáles consideras que sean las lecciones que habría que tomar de esta crisis?

Lo valioso que es formar parte de una comunidad cuyos vínculos están basados en la solidaridad; diversificar nuestras actividades artísticas con tendencia a lo social es clave para la supervivencia en tiempos de crisis; y aunque es irónico en tiempos de distanciamiento social, es necesario fortalecer las colectividades en el gremio artístico, es la única manera de reclamar y ocupar el espacio que merecemos los artistas en la sociedad.