Tres discos en cuarentena: Aarón Flores / Federico Sánchez / Alonso López Valdés

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Tres sobresalientes EP´s grabados durante las primeras semanas de la cuarentena por una tríada de músicos jóvenes del circuito experimental chilango.

Por Oscar Adad

Durante las primeras semanas de la cuarentena por el Covid 19, dentro de la música experimental de la ciudad de México, surgieron tres discos por demás atractivos que ilustran, cada uno a su manera, lo que implica transitar por una pandemia. Tres discos que ya forman parte del paisaje sonoro de este momento inédito en el mundo, pero que pueden escucharse bajo cualquier contexto por sus cualidades en sí mismas.


Interior / Exterior – Aarón Flores

El guitarrista Aarón Flores es uno de los artistas de los que menos se habla en la prensa musical. Es de esos espíritus que le rehuyen a la autopromoción desmesurada y sobreexposición en redes sociales. Sin embargo, su trabajo es de lo más interesante que puede encontrarse en el jazz y la música creativa en México desde la aparición de su primer disco: Loto (2014).

Aarón suele trabajar con los principios del jazz, la música contemporánea, el rock y el arte sonoro, lo cual, no es poca cosa. Al construir sobre principios y no sobre estilos preestablecidos, la música que surge a partir de ahí es abierta y propone nuevas direcciones. Asimismo, sus obsesiones extramusicales se ven plasmadas formalmente en sus composiciones a través de mensajes cifrados para el escucha. En Loto, por ejemplo, todos los temas están hechos a base de una misma serie, idea tomada de su interés en el artista gráfico Maurits Cornelis Escher y múltiples expresiones donde aparentemente no existe principio ni fin.

Aarón fue el primero en mostrar sus inquietudes sonoras a través de Interior / Exterior, trabajo surgido durante la primera semana del confinamiento en México y que lo llevó a hacerse cargo de todos los instrumentos: guitarra, trompeta (¡!), código y sintetizadores.

El material está compuesto por seis piezas cortas donde el hilo conductor es la grabación de los sonidos de la calle captados durante una mañana a través de la ventana del estudio del compositor.

Las piezas, abstractas todas, son un registro de estados de ánimo de lo que implica permanecer las 24 horas en casa, donde el tiempo se disloca de tal forma que parece no tener principio ni fin, y cuya estética sugiere la tensa relación entre los sonidos de la libertad y la angustia sonora del confinamiento.

Aunque esta bitácora podría tener lecturas más o menos claras gracias al contexto, lo resaltable, además de su riqueza sonora y narrativa, es el gesto de humanidad que ha tenido Aarón al poner a salvo la música del esquizofrénico mundo mediático del live para devolverla a su estado natural: el sonido. Al hacerlo, empatiza con ese sentir generalizado de recogimiento y la música puede vivirse, puede establecer un vínculo profundo entre su autor y el escucha y ofrecer sosiego a pesar de estar confinados.

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La noche aún no existe – Federico Sánchez

El guitarrista Federico Sánchez es otro de los artistas que gusta de moverse en las fronteras de los estilos. Él está inmerso en el circuito del jazz, aunque sus orígenes y formación tienen más que ver con el rock y la música electrónica. Sin embargo, su presencia en la comunidad jazzística le ha ampliado la perspectiva tanto a los músicos como a los escuchas del género en México, además de enriquecer su propio trabajo. Sánchez cuenta con 7 discos a su nombre: 1 larga duración y 6 EP´s

El 2 de abril compartió a través de Bandcamp, La noche aún no existe, tres temas donde profundiza en su vertiente dentro de la música electrónica experimental con medios digitales y que abona a una estética cada vez más elaborada alrededor de la introspección, la soledad y la fragilidad humana en conflicto constante con la hiperconectividad y la alta tecnología.

En un momento donde la distopía es ya una realidad que previamente solo nos entretenía a través de series y películas, la aparición de La noche aún no existe es la oportunidad para redescubrir el trabajo de Federico y toparnos con un universo que, en buena medida, podría ser la banda sonora de esa “nueva normalidad” donde el Big Data, el spyware, los robots y la distancia social serán cosa de todos los días.

Sin embargo, aunque su estética pueda parecer la música perfecta para esta nueva realidad, el trabajo de Sánchez trasciende el contexto y el momento histórico. Cada proyecto plantea una identidad definida y clara en cuanto al sonido en sí mismo, pero en constante descubrimiento en su desarrollo. No hay desperdicio en ninguno de ellos. Son entregas compactas en forma, concisas en su concepto y conmovedoras en el resultado.

La noche aún no existe, es solo la puerta de entrada al mundo de otro de los músicos más interesantes de la ciudad de México.

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Imágenes recicladas – Alonso López Valdés 

Finalmente, pero no por ello menos importante, el bajista y contrabajista Alonso López Valdés se lanza al ruedo con Imágenes recicladas, su primer trabajo como solista.

Alonso es conocido, principalmente, por ser acompañante en múltiples bandas de diversos estilos de jazz. Pero su veta creativa la libera en el colectivo/disquera Discos Carnitas, junto a Federico Sánchez, Aarón Flores y Martín Rivera. Además de sus actividades en el colectivo, Alonso gestiona el espacio de conciertos clandestinos La Proveedora, que es el departamento donde vive al sur de la ciudad de México y en el que se ha visto favorecido el espectro de la música experimental.

Sin embargo, el bajista no había grabado ni sacado a la luz su trabajo como líder de proyecto. Previamente formó un quinteto de jazz contemporáneo para tocar composiciones de su autoría, con el cual realizó solamente un par de conciertos. Una lástima. Pero es justo en el contexto de la pandemia que nos presenta Imágenes recicladas, un EP de cuatro temas donde, al igual que su colega Aarón Flores, se hace cargo de toda la instrumentación: bajo, contrabajo y sintetizadores.

Imágenes recicladas es un álbum valioso porque documenta nuevas ideas a las prácticamente nulas grabaciones que existen en México del bajo como solista (con excepción de Solo Contrabass de Rodrigo Castelán, grabado en 2004, no tengo noticia de otro más). Dicho sea de paso, no es común en el mundo de la música un material de estas características por el rol que tiene el bajo como instrumento, mayoritariamente, de acompañamiento. Otro punto a favor es que Alonso no apuesta por un disco de bajista virtuoso, sino que decide explorar en las posibilidades sonoras del instrumento a través de la improvisación y las técnicas extendidas más cercanas a la música contemporánea, apoyado en la música electrónica.

El resultado es una colorida gama de sonoridades, texturas y ambientes, pero sobre todo, una importante aportación de música e ideas originales que tanta falta hacen por estos lares. Ojalá escuchemos más trabajos de Alonso López Valdés en el futuro cercano.

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