Todd Clouser, la ruta de la innovación

Para el guitarrista estadounidense radicado en México, es momento de experimentar, sin embargo -afirma en entrevista-, el reto es superar la nostalgia, el miedo y el gusto por el control.

Por @malariasonora

Todd Clouser es guitarrista, compositor e intérprete radicado en la ciudad de México. Su trabajo se describe por la combinación de elementos del rock, jazz blues, composición e improvisación. Se ha consolidado con presentaciones como solista y por su agrupación A Love Electric, donde ha actuado junto a prestigiados músicos como John Lurie, John Zorn, Flea, Cyro Baptista, John Medeski, Keb Mo, entre otros, logrando presentarse en diferentes foros y escenarios de festivales de rock, jazz y world music en todo el mundo.

Sus proyectos más visibles son A Love Electric, Magnet Animals, Cinema: música para películas no realizadas, CHANT, Boy 44, y sus duetos con Alejandro Otaola y Renee Mooi. Todd, además de colaborador asiduo de distintas bandas y artistas es impulsor de iniciativas que apoyan al circuito independiente como la filantrópica Music Mission y la disquera Ropeadope Sur.

Durante la cuarentena, Todd compuso la música para tres EP´s titulados Solitary Dreams, que reflejan sus inquietudes en el confinamiento. En dos de los discos, Clouser dio la música a los pianistas mexicanos EmmanuelChopisCisneros y Roberto Verástegui para que imprimieran su voz particular en el piano y demás instrumentos; mientras que en el tercero, la música es interpretada por el propio Todd en la guitarra eléctrica y como invitado en un tema, el guitarrista michoacano, Rodrigo Neftalí.

Foto y video: Jesús Cornejo

– ¿Cómo has vivido el confinamiento? ¿Qué consecuencias te ha traído?

Sinceramente, mejor de lo que me hubiera imaginado si hace 6 meses alguien me hubiera dicho que no iba a tener giras ni presentaciones en vivo este año. Esa es la vida que conocí, mi trabajo, me dio un propósito. Al principio, cuando se perdió un mes de conciertos, y después varios meses, grabaciones, etc., estaba intentando reagendar cosas con mis proyectos para poder retomar todo lo más pronto posible, cosa que solo resulta si reprogramas de manera perpetua.

Tengo años sabiendo que necesito parar por mi salud física y mental, y no podía por la energía de varios proyectos y esa sensación de estar logrando algo de lo que busco. Y en algún momento, después de un mes de cuarentena, decidí que iba a enfocarme en meditar, hacer ejercicio, estudiar y componer. Como todos, tuve que superar el pánico del cambio del panorama económico, pero he sido afortunado estos años y pude dedicarme a estas otras cosas que hacían falta, dar unas clases y terminar unas producciones pendientes. Compusé 3 EPs, Solitary Daydreams, y estoy contento con lo que hicimos con esa música.

Es buen momento de ser útil para otros en vez de estar enfocado en mis retos, y eso es algo que he estado intentado hacer con Music Mission y la disquera Ropeadope Sur.

Ha sido importante para mí recordar que mis afectaciones son leves en comparación con personas que se encuentran batallando por sus vidas, ya sea contra el virus o buscando sobrevivir día a día.

– ¿Qué papel consideras que tiene la música en esta crisis?

Durante este tiempo he redescubierto el gozo de hacer música solo por hacer música. No necesariamente para crear un producto que mover, generar trabajo o presentaciones, sino solo por el disfrute del acto creativo. La exploración y reflexión que hace que uno crezca me hacía falta en el ritmo de vida al que me había acostumbrado.

Quizá unas preguntas importantes para estos tiempos son ¿por qué estamos haciendo música? Y para quienes todavía disfrutamos escuchar música, ¿por qué escuchamos música? ¿estamos activos o pasivos en este proceso? y ¿qué buscamos de la música? ¿empatía, alegría, sorpresa, algún nuevo reto?

Con la realidad social de lo que ha estado sucediendo en Estados Unidos y su patética situación política, me desespera la falta de música que aborde temas y experiencias sociales reales. Sin darnos cuenta nos hemos transformado, en muchos casos, en jingle writers con la esperanza de tener “éxito” y he tenido sentimientos de culpabilidad por ello. Pero ha sido un buen momento para mí considerar y conectar con el propósito de hacer música.

– ¿Cuáles consideras que son los principales problemáticas que enfrentará la comunidad de músicos independientes en esta situación inédita en el mundo?

Sin duda son varios retos que los músicos independientes estamos enfrentando. En lo más simple, es un gran cambio de estilo de vida. Estos cambios drásticos inesperados crean trauma, ansiedad, pánico, tristeza y enojo. Es importante poder discutir lo que estamos sintiendo. La reacción peligrosa es pelearnos entre nosotros, atacar, juzgar –posturas defensivas muy entendibles-, pero al final no necesariamente productivas, en su mayoría.

El reto general -ahora más evidente pero que en definitiva ha avanzado en esta dirección por años-, es que trabajamos en una industria que, para la mayoría de nosotros trabajadores, no nos valora en lo mínimo. Somos los proveedores del contenido, pero porque estamos en general desesperados por atención y enamorados de lo que hacemos, somos muy fáciles de aprovechar. Los estándares de pagos han estado bajando a niveles insostenibles y denigrantes cuando un club paga menos del 30% de la venta de entradas a sus artistas o una institución tarda un año en pagar lo acordado. Me preocupa que algunos van a aprovechar esta situación para bajar las condiciones aún más. Son actos graves y agresivos. ¿Quién va a cuidar de nosotros los artistas? Nosotros los artistas.

Sinceramente no quiero pelear con esos clubes o plataformas digitales, en muchos sentidos vivo de ellos y tengo que pertenecer a cierto nivel; pero el respeto mutuo, o al menos la decencia, se ha perdido en muchos casos por una postura cruel, el gozo de la denigración. Cuando el “hombre mas poderoso del mundo” demuestra diversión siendo cruel, da licencia a todos de adoptar y celebrar esa postura. Es muy peligroso y eso no lo podemos permitir. Siempre hay peligro de oportunismo y proteccionismo durante tiempos de crisis y uno tiene que mantenerse observador.

Al final nuestra mejor respuesta va a ser el acto de hacer música más interesante, más sincera, más innovadora, más humana.

– ¿Cómo resolver estas problemáticas? ¿cómo abordarlas?

Creo que lo primero es la paciencia. Uno tiene que mantener lo más posible su propia salud mental. Hay cierta sensación de fracaso en la experiencia de perder mucho de lo que uno ha trabajado toda su vida por lograr. Por ahora, no hay manera de cambiarlo. Las actividades y los conciertos van a regresar, así que por ahora quiero crecer personalmente, como músico, y generar el trabajo que necesito para sostenerme y sentir que tengo una vida productiva.

Uno tiene que compartir su verdad, ahora más que nunca no hay nada que perder. Por todo lo que hemos perdido de trabajo hasta el momento, los artistas, los creadores, todavía tenemos nuestra música, nuestra experiencia, nuestro oficio.

A largo plazo está difícil evitar la sensación de we’re in trouble considerando la forma en que estamos consumiendo música en estos tiempos. Si uno quiere que su música sea escuchada a un nivel considerable, es a través de videos de Instagram, fragmentos, licks y selfies en conciertos. Esto tiene su lugar y hay gente que admiro que lo hace bien; pero mucha de la música que me gusta y la música que hago no se presta para esta realidad, o al menos no he encontrado la manera de aprovechar esas formas de comunicación en mi beneficio. ¿Así que, qué hago? ¿qué hacemos? ¿me retiro? ¿me quejo?

Creo que es importante llamar la atención sin atacar dichas experiencias y seguir intentando innovar, así sea a través de la colaboración, nuevas plataformas, o el simple hecho de seguir produciendo música que uno mismo considera de valor. Eso es un acto de resistencia digna y necesaria, y a largo plazo sí tiene resultados, aparecen oportunidades. You find your people and your people find you, pero muchas veces todo sucede de una forma muy distinta a nuestras expectativas.

Sobre la escena, lograr la cooperación siempre es un reto. Clubes, músicos, entidades culturales, todos estamos peleando por nuestra propia supervivencia bajo la suposición que estamos peleando contra el otro. ¿Qué pasaría si no fuera así? ¿cómo se ve eso? ¿qué podemos hacer en lo individual para crear circunstancias más justas?

– Al ser la música un agente que históricamente fortalece vínculos e identidad comunitaria y cuyo espacio natural es el espacio público donde se lleva a cabo la escucha colectiva. Al cancelarse ese espacio por el confinamiento, desde tu perspectiva ¿qué implicaciones tiene para la comunidad en su conjunto?

Del lado optimista, hay otros tipos de comunidades que se están formando: las virtuales. He estado colaborando con otros músicos en varias partes del mundo de una manera más profunda que antes de la pandemia. Quizá esto nos pueda unir. Somos los únicos realmente capaces de entender la experiencia de otro artista durante estos tiempos. Siento que Pitayo Music ha hecho un gran labor durante estos meses, generando y fortaleciendo su comunidad, generando oportunidades.

La tecnología -no todos sus usos-, que parte de esta experiencia virtual, nos da la oportunidad de “convivir”, educarnos, e intercambiar ideas durante estos tiempos de manera real.

Hay cierta energía que viene de estar en el mismo espacio que el artista y el público, y ese tipo de convivencia no se puede generar de una manera virtual, pero sí creo que va a regresar.

– ¿Como creador qué papel juega la tecnología en el confinamiento? ¿No es momento de repensar la tecnología como un elemento estético en el trabajo artístico para generar una experiencia y vínculo con el escucha acorde a la situación y el medio digital, y no solo como herramienta de difusión “en vivo”? 

Lo que mencionas de considerar la tecnología como parte de la estética en un proyecto o experiencia es interesante y necesario, solo que por ahora no tengo la dirección clara en mi caso. Hay oportunidad en todo esto y aproximaciones artísticas innovadoras que van a salir. El reto es superar la necesidad de “regresar a como era antes”, el miedo, y el gusto por control.

Con el tiempo, me imagino que podremos tener música en vivo con un público y también aprovechar estas nuevas herramientas y formas de convivir virtualmente. Por ahora, sí es un gran ajuste y en la experiencia se siente que “falta algo”.

Es un momento de experimentación e innovación y mi postura ha sido que tenemos que permitir que eso suceda.

– ¿Qué opinas de la gran cantidad de contenidos gratis online que se están liberando tanto de grandes consorcios -como el Festival de Montreux- hasta los artistas independientes desde sus casas? ¿Qué pros y contras le ves a esto?

El peligro es que estamos haciendo productos que son solo promocionales. Todo el contenido es regalado y no hay nada que genere remuneración. Si uno va a estar regalando su música, es importante tener un plan o un fin en esa ruta.

Lo que hay gratis en línea para mí no ha sido muy atractivo, salvo algunos casos de gente innovadora usando las plataformas para crear algo nuevo y que no hemos visto de ellos antes, así sea una clase o una nueva forma de acercamiento al artista (como Chick Corea quien de forma inteligente regalaba clases y después lanzó su libro/plataforma; Aarón Cruz quien por un rato compartió líneas de bajo up close con su estética); el uso de la música y la imagen (como con el músico Dougie Bowne); o la celebración de la conexión humana (como con el poeta Billy Collins tomando preguntas y compartiendo su poesía).

Con Ropeadope Sur hicimos muy al principio de la cuarentena una seria de master classes llamada Confidential Information,  que siento que sirvió en ese tiempo para introducir clases en línea y ese tipo de diálogo entre público y artista.

La retransmisión de conciertos del pasado (Metallica, festivales de jazz, incluso A Love Electric en Teatro de la Ciudad, en Jazz Fest Qro.) para mí no es tan emocionante, pero si ofrece a los admiradores de esta música una oportunidad de ver y escuchar la música que aman, no voy a decir que está mal. Batallo mucho contra la nostalgia, pero durante estos tiempos he podido disfrutar un poco del pasado y lo que hemos hecho en estos varios proyectos. Ha requerido una cantidad significativa de resistencia, trabajo y neurosis, pero sinceramente ha sido una vida muy afortunada.

– ¿Cuáles consideras que sean las lecciones que habría que tomar de esta crisis?

En lo personal tener menos prisa y ser más consciente del por qué de mis acciones y decisiones. Espero lograr una existencia que demuestre más empatía y respeto, poder crear mejor música.