Natalia Pérez Turner, la fuerza de la música en vivo

La cellista habla de la necesidad de revalorar la música en vivo en un mundo inmerso en la digitalización consecuencia de la pandemia.

Foto: Jesús Cornejo en sesión en línea

Por @malariasonora

Natalia Pérez Turner es cellista e improvisadora. Su trabajo es conocido dentro de la música contemporánea, experimental e improvisación libre. Forma parte de Liminar, La Generación Espontánea y Trío Filera. Asimismo, gusta de colaborar con artistas de diferentes disciplinas: danza, artes visuales, teatro, performance y literatura, ya sea como improvisadora, intérprete o compositora. Estudió en el CIEM, Conservatorio Nacional de Música y en la Escuela de Perfeccionamiento Ollin Yoliztli, en la ciudad de México. En la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, EU, donde obtuvo la maestría Master of Fine Arts Music Performance; y en The Guildhall School of Music and Drama, en Londres.

– ¿Cómo has vivido el confinamiento? 

Después de los primeros días, en los que me atrapó la angustia por la incertidumbre, por la pérdida de control sobre aspectos de mi vida -llegué a tener pesadillas después de escuchar teorías de biopolítica-, decidí cambiar el enfoque y aprovechar para leer los montones de libros que tenía por ahí apilados. En realidad, mi vida no cambió mucho. Normalmente, cuando no estoy de gira, trabajo mucho en casa y paso gran parte del día a solas. Lo que me costó trabajo fue el cambio de ritmo repentino y, de pronto, no tener algo concreto, un concierto, un espectáculo, para el cual estudiar. Es extraño, pero tener tiempo de sobra no me ayudaba a concentrarme en el cello, me sentía un poco perdida. Así que he tratado de estar tranquila y dejar las angustias. Vivir cada día, sin pensar ni planear más allá, barriendo y limpiando, que es la clase de cosas que uno hace mecánicamente y que trae gratificación inmediata. Leo mucho, miro las plantas crecer, doy una que otra clase en línea, escucho mucha música, al viento y al silencio; y así, poco a poco, he ido regresando al cello.

– ¿Qué consecuencias te ha traído?

En un año que iniciaba lento, la actividad paró completamente cuando empezaba a caminar, así que, de entrada, como para todos, hay consecuencias económicas -por cancelaciones-, y anímicas porque tengo la fortuna de tocar sólo en proyectos que me interesan. Es mi trabajo, pero es mucho más: mis pasiones e intereses. Toda mi vida está ligada a mi actividad musical. Y la incertidumbre total con respecto a cuándo y cómo se podrá volver a tocar con los amigos y colegas en vivo, con la posibilidad de seguir con nuestros proyectos, no deja de estar presente en todo momento. Hace poco un amigo me decía que tendríamos que buscar maneras de reinventarnos. La verdad es que, en este momento, no se me ocurre de qué manera hacerlo y espero que los tiempos y las circunstancias nos ayuden a encontrar el camino para hacer lo que sabemos y deseamos hacer.

– ¿Qué papel consideras que tiene la música en esta crisis?

Veo en las redes sociales y en las secciones culturales de los periódicos que la gente habla de la música que está escuchando, y hay millones de listas de recomendaciones, lo cual me hace suponer que hay un gran consumo de música. A mí me ha regresado el gusto por sentarme a escuchar un disco, tener tiempo para escucharlo sin prisas, digerirlo, y luego escuchar el viento, los grillos y los pájaros, y después quizá escuchar otro disco. Ese es un lujo que hace mucho que no tenía, no había ni el tiempo ni la calma para disfrutar.

– ¿Cuáles consideras que son las principales problemáticas que enfrentará la comunidad de músicos independientes en esta situación inédita en el mundo? ¿cómo resolverlas? ¿cómo abordarlas?

Junto con los artistas escénicos de todo el mundo compartimos el problema de que gran parte de lo que hacemos tiene que ver con presentarse en un escenario ante un público, no importa si son cuatro, cincuenta, cien personas o más. Y eso no sucederá en unos meses durante los cuales los ingresos serán mínimos. En algunos países, los menos, se han dispuesto paquetes de ayuda a los artistas independientes. Aquí hay un grupo, sobre todo de teatro, que está buscando la incorporación de los artistas independientes a algún esquema de seguridad social, pero qué tanto se logre, estará por verse y será a largo plazo. Siempre ha habido solidaridad entre el gremio para ayudar a quienes pasan por un momento difícil, generalmente en términos de salud. Ahora, quizá tendremos que encontrar maneras para ayudarnos entre todos. Una manera de apoyar a los músicos independientes es comprarles sus discos -discos editados por compañías pequeñas-, en físico o en Bandcamp, por ejemplo.

– ¿Como creadora qué papel juega la tecnología en el confinamiento? ¿se reduce a hacer streaming?

Entre los amigos músicos veo que algunos suben “conciertos caseros” a solas o con alguien más, cada quien desde su casa. Sólo he visto uno en Instagram de Fred Lonberg-Holm, gran improvisador en el cello que me interesaba mucho escuchar, así que me senté frente a la odiada pantalla del celular. Fueron 22 minutos más o menos de muy buena música, pero después de un rato decidí cerrar los ojos y concentrarme en lo que salía de mis audífonos, porque había gente comentando o uniéndose a la sesión, corazoncitos, etc., y esto se leía justo a la mitad de la pantalla. Era como estar en un lugar rodeada de gente ruidosa salvo que, en este caso, no tenía al músico enfrente para mirarlo, sentirlo y escucharlo, sino que estaba en esa pantallita atrás de los comentarios. Creo que hay muchas otras formas de usar la tecnología que no necesariamente sea hacer conciertos en línea, streaming, etc. En lo personal, me parece mucho más interesante lo que se puede encontrar en el universo del podcast, que no se alimenta de la inmediatez, que no te amarra a una pantalla, y donde sí he descubierto personajes, escritores, músicos, muy interesantes.

No siento necesidad de conectarme a ver conciertos en línea ni de participar en ellos. Hay discos que no he escuchado en mucho tiempo, programas de radio que disfruto y donde descubro música y con eso estoy bien.

Creo, además, que es un momento ideal para bajar el ritmo, incluso en el consumo tecnológico. Disfruto mucho la soledad y el silencio, y me gusta la idea de apagar todo, al fin y al cabo, por ahora no hay prisa.

Sin embargo, la nuestra es una actividad que tiene dos frentes: lo que hacemos en casa, a solas, tiempo de estudio, de creación; y el aspecto colectivo, la relación con otros músicos. Y el ideal para mí es el balance de ambos. Creo que estamos extrañando tocar con otros, escucharlos, sentirlos, olerlos, respirar juntos, y eso no lo da la tecnología.

– ¿Qué opinas de la gran cantidad de contenidos gratis online que se están liberando tanto de grandes consorcios -como el Festival de Montreux- hasta los artistas independientes desde sus casas? ¿qué pros y contras le ves a esto?

Por un lado, tengo la sensación de que no hemos entendido nada, que esta era una oportunidad de cambiar de rumbo, de consumir, en general, de otra manera. La música se ha convertido, desgraciadamente, en un objeto de consumo, de usar y tirar, de playlist organizado alrededor de un algoritmo, y tengo la sensación que esta enorme oferta puede reforzar esta situación.

También, de pronto me pregunto, si entre muchos de los músicos que hacen conciertos caseros no hay una cierta compulsión por estar presente, por estar activo. Es cierto que la necesidad de tocar en vivo la comparto, y extraño hacerlo, pero en mi casa, con un micrófono frente a mi computadora, no es tocar en vivo, así que prefiero esperar.

He visto algunos videos donde se cuida la imagen y el sonido y son editados posteriormente. Quizá son ingeniosos, simpáticos, pero para mí no suplen la vitalidad, la fuerza de la música en vivo, no me generan ningún interés ahora y me pregunto si lo habrá, más allá de lo anecdótico, en uno, cinco, diez años. Siento que muchos de estos contenidos son absolutamente prescindibles.

Hasta antes de esta crisis, escuché a muchos músicos decir que la gente no iba a los toquines, (aunque en el medio en el que me muevo hay un público bastante estable, no muy grande pero constante, conformado en parte por los mismos colegas), no sé bien a qué se deba. Ojalá que tanto streaming y conciertos en línea lleven al público de regreso a la la maravillosa experiencia que es escuchar la música en vivo cuando por fin se pueda, y que este público esté dispuesto a pagar por ello.

Nunca me ha atraído ver conciertos grabados, aunque sé que es una oportunidad de ver y escuchar a músicos a los que, de otra forma, sería difícil ver, y quizá el que muchos festivales estén ofreciendo sus contenidos de manera gratuita es una oportunidad para ver y escuchar cosas distintas. Aunque, de pronto, siento que se pierde uno entre tanta cosa. También son quizá formas de generar fondos. Hace poco vi que el National Theatre tenía una versión filmada de la puesta en escena de Frankenstein, dirigida por Danny Boyle. Estaba disponible por un tiempo limitado y, aunque era gratis, había la posibilidad de hacer una donación para apoyar a la institución y a quienes laboran en ella. También he visto que empiezan a surgir festivales que buscan generar fondos para las bandas que se presentan.

– ¿Cuáles consideras que serían las lecciones que habría que tomar de esta crisis?

Pues ante todo, bajar el ritmo, bajar el consumo, tener un consumo consciente. Deseo que sea una oportunidad para cambiar el rumbo, que sintamos la necesidad de edificar un mundo más equitativo, más unido y solidario, consciente del daño que hacemos al medio ambiente. Ojalá ayude a formar un gremio que pueda pelear por algún tipo de prestaciones, por la creación de esquemas que nos den alguna forma de seguridad social y que, eventualmente, una futura generación de músicos independientes pueda tener, por ejemplo, una pensión al final de su vida laboral. Al fin y al cabo, todos pagamos impuestos. Ojalá también revaloremos la magia, la maravilla que es escuchar música en vivo. Asistir a un concierto, una obra de teatro, o a ver una pieza dancística, son rituales muy necesarios que, me parece, nos conectan con nuestra esencia.