Músicos en la Ciudad de México: identidades sin fronteras plasmadas en la escritura

 

Por Rosa María Fajardo* @RosaMFajardoG
Música y escritura como el hilo conductor de la descarga creativa alimentada por la linfa de lenguajes e identidades que fluye en las intrincadas arterias citadinas, los ingredientes de la fórmula Clouser-Collins en Músicos en la Ciudad de México, proyecto editorial bilingüe que da voz a 42 músicos representativos de la escena mexicana, y de variados géneros como el rock, el jazz, folk, entre otros.

Editado por el músico y escritor estadunidense Todd Clouser y la poeta y programadora musical mexicana Zazil Collins, se trata de un e-book que reúne a músicos emblemáticos de la producción artística de la capital que cruzan los confines de la escritura creativa.

Aunque no todos los participantes en el proyecto son originarios del país, comparten la escena de la ciudad y se distinguen por la expresión de una identidad propia y el interés por generar una voz colectiva. El lenguaje es un sistema de comunicación estructurado y hay una serie de códigos y signos lingüísticos entre el músico y su público que se transmite en el enorme canal que representa la urbe. Y es así que se congregan para dar vida a Músicos en la Ciudad de México, una unidad con producciones de escritura creativa a través de manifiestos, testimonios, narración, poesía y rebasa la frontera de la creación con gráfica y fotografía.

Músicos en la Ciudad de México es una publicación importante y fuera de lo común porque da cuenta del pulso vital del movimiento musical de la capital y pudimos conversar acerca de esto con Zazil Collins.

Todd Clouser y Zazil Collins. Foto: Mario Rodríguez

Todd Clouser y Zazil Collins. Foto: Mario Rodríguez

Es una cálida tarde en la que el aire se vuelve espeso. Nos guarecemos del sol en una banca de cemento bajo un pasillo sombreado y, sin más, digo: cuando se compone se escucha la voz interna que guía por dónde debe ir la música y la letra, ¡pero la ciudad grita!, ¿cómo asimilar ese clamor para no perder los sentidos ante tanta vorágine y lograr transformarla en música y palabra?

Zazil sujeta el vaso de té, como para asirse a su frescura, y comenta que “editorialmente el texto intenta aprender distintas visiones de cómo dibujar ese paisaje”, citando el texto de Tito Rivas, quien se pregunta qué es el silencio y cómo se origina la música y el paisajismo sonoro.

“Hay algo que suena…Eso que suena lo hace gracias a otro, o a otros. Los otros le prestan su cuerpo y a través de él prosigue la vibración; la elasticidad del ser compartida establece sus comunidades, habitándolas con formas de sonidos… Mis oídos son islas que resuenan los ruidos de los otros. Islas resonantes los oídos. En ellas los ruidos se visten con el color del sonido”. (Tiempo y viento, mutismos. F.T.R).

Continuamos nuestra plática, y Zazil liga de inmediato otras dos ideas; la primera: “Pueden irse interiorizando los sonidos a través del cuerpo. Pienso en el texto de Aarón Flores que abre el libro; él está en el bullicio del centro de la ciudad y escucha al afilador…”.

En efecto, el libro está compuesto por escritos que narran escenas vivísimas de la Ciudad de México y pasajes fundamentales donde los músicos hablan con su propia voz para contar sus historias y manifestar sus propias inquietudes y lo que los impulsa a crear. A través de la música y la escritura logran plasmar lo que Flores define el “paisaje sonoro” de la ciudad y emplear esos sonidos para crear la obra musical:

“El rock urbano comienza en el quiosco… Música en la calle. El grupo de jazz que acompaña el incesante murmullo del público que fue/no fue a escuchar. Los perros ladran. Los camotes aturden… Afuera de un bar se escuchan los últimos vestigios del “Rock en tu idioma”. La ciudad es una experiencia sonora”. (La ciudad, su experiencia sonora y creación musical. A.F.).

Y la segunda: “Y hay varios autores que hablan de ese proceso o de ese cuestionamiento cotidiano, desde cómo se sientan a componer o a ver por la ventana y el canto de un pájaro les dice algo acerca del ritmo; lo mencionan todos como un proceso de constante escucha”.

(De izq. a der.) Iraida Noriega, Líber Terán e Ingrid Beaujean. Foto: Mario Rodríguez

(De izq. a der.) Iraida Noriega, Líber Terán e Ingrid Beaujean. Foto: Mario Rodríguez

Comentamos que la estridencia, esa diversidad de sonidos son un concierto citadino, una perfecta sinfonía. Lo es incluso el aparente silencio. Zazil señala que para Tito Rivas el silencio no existe y “ese es otro re viraje de cuál es la musicalidad del silencio, donde supuestamente hay silencio pero no dejan de escucharse ciertos sonidos aunque es muy sutil, pero es esa parte la musicalidad; es decir, no existe el silencio”.

Pienso en la conexión del músico con el público inmediato, ese que se tiene frente afrente en un escenario y del que se puede obtener retroalimentación y lo comparto, señalando que genera interacción y retroalimentación perceptible o audible al momento y a eso se refiere la creación de identidades.

Si en el escenario se transmiten emociones directas que se manifiestan en acciones concretas, pregunto, ¿cómo concibe el medio de comunicación escrito, que en este caso es además digital, en la relación músico-público y qué los llevó a elegirlo como forma y formato? Abanicada por un brisa gentil que nos concede una tregua, Zazil me comparte la lluvia de sus ideas: “idealmente, el libro iba a ser impreso. La parte digital iba a ser la complementaria pero no hemos podido gestionar los recursos necesarios; es muy costoso, son casi 600 cuartillas; esa es la razón por la que salió primero en un formato digital, pero también porque es más sencillo llegar a más públicos fuera de México, que es uno de los objetivos; tanto porque muchos de los autores o la mayoría no nacieron aquí, pero tienen puntos de conexión fuera de la ciudad, tanto porque hay oleadas migratorias de músicos que están fuera del país y que vienen de vez en cuando a la ciudad y están intentando crear esos canales o esos puentes de intercambio continuos; entonces, que el libro esté en inglés y sea digital nos facilita todavía más esa difusión “.

En cuanto a la recepción del público, nos comenta que hacer libros es difícil por el proceso, por la hechura, pero también porque los niveles de la lectura, así sea digital o impresa, son muy bajos, entonces se enfrentan  a esa dificultad en general, “tampoco creemos que sea un negocio redituable, o que haya muchas ventas y pueda ser un bestseller, pero creemos que de todas formas la escritura alfabética o digital funciona como un registro histórico de lo que está aconteciendo y no hay otra forma de salvaguardarlo más que tenerlo físico, como un volumen hecho”.

Coincido en que es muy importante registrar la historia y transmitirla a otras generaciones, llegar a públicos más amplios, fuera del contexto de la ciudad, y ella agrega: “así es, creo que ese es el valor del volumen, intentar que las generaciones actuales y próximas tengan un conocimiento de lo que está pasando y como se empezó a construir cierta escena musical en la ciudad y el punto es que quienes protagonizaron o quienes están protagonizando eso se lo cuenten al público de viva voz, no que haya este intermediario, historiador o crítico, y la filtre; los músicos, ello son para nosotros los actores principales”.

Todd Clouser. Foto: Mario Rodríguez

Todd Clouser. Foto: Mario Rodríguez

La música es una práctica social específica, es decir, una práctica cultural, una práctica simbólica que no se da en el vacío, sino que se produce y circula en contextos específicos. Hay determinados públicos para cada específico género musical. Cada público sigue un género o géneros, que manejan distintos contenidos en su lenguaje, lo cual los ayuda a ubicarse en tiempo y en espacio; es decir, se le dota de una identidad.

Y, en el caso de Músicos en la Ciudad de México, donde se concentran varios géneros y estilos, pregunto, ¿cuál es el punto común de intersección que se busca encontrar en la geografía mental y en citadina? Sin pensarlo, ella dice segura: “la respuesta es para mí muy simple y lo he hablado con Todd, nos cuesta trabajo teorizar. Lo que está sucediendo o confluyendo es una suerte de Generación de Creatividad y el género que pude englobar todo esto es el Género de las Músicas Creativas que sustituye el género de la fusión pueden confluir todos estos géneros sin que esté totalmente pensado o estructurado, en el momento los músicos sienten que quieren tocar jazz y a los cinco minutos un sonido los lleva a algo que puede sonar más rock y entonces pueden hacer esta mezcla o juegos con total libertad y generalmente todos los autores del libro no tienen problema en transitar sin un género, sin una etiqueta, sin un lenguaje especifico, sino el de la música, que es universal; entonces son músicos que bien pueden ir de lo clásico al metal y desde la escuela teórica hasta la improvisación y eso es lo que nos llevó a invitarlos porque consideramos que eso era tener un potencial creativo, una forma de ejecutar y de vivir la música que no todos tienen”.

Es como superar la frontera entre géneros y crear una unidad, agrego, un único territorio que es simplemente la Música. Zazil continúa: “exacto y ese fue uno de los ejercicios de la presentación del libro, incluir músicos que nunca habían tocados juntos, por ejemplo: pienso en Liber Terán que nunca ha hecho jazz, es totalmente folk y la onda de la guitarra, medio western, medio Los de Abajo, pero lo unimos con una voz y una jazzista como Iraida Noriega, y lo chido que generó es que ninguno de los músicos dijo no yo no le hago a eso, a mí nada más déjame con mi guitarra. Fue un ejercicio para públicos y músicos. Ese ha sido el ideal del libro, generar nuevas complicidades y es un experimento para todos”.

Músicos en la Ciudad de México tiene una segunda presentación este 25 de agosto en el MUAC de la UNAM a las 18:00 horas.

*Rosa María Fajardo estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM con equivalencia de grado por la Università degli Studi di Trieste y Máster en Escritura Creativa en la Università degli Studi Suor Orsola Benincasa, ambos en Italia. Cursa la Maestría en Literatura y Creación Literaria. Fue catedrática en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y correctora de estilo del suplemento sábado de unomásuno. Ha colaborado en medios mexicanos como los suplementos sábado y Acento X, de unomásuno y en la revista Generación, y en Italia en la revista literaria Lìnfera y el suplemento cultural INK del periódico universitario Inchiostro. Es coautora de la revista Los Sembradores de Historias y los libros de cuento Aún espero algo mejor e Impaciente Espera, publicados en Italia con el grupo literario Trattolibero. Escribe mensualmente para la Revista México Social.

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