Felipe Deckers, la colectividad es la salida

El guitarrista colombiano sostiene que la solución ante la crisis está en la colectividad a pesar del confinamiento, el individualismo y la competencia.

Foto: Jesús Cornejo

Por @malariasonora

Mitad belga, mitad colombiano y avecindado en México, el compositor y guitarrista eléctrico, Felipe Deckers, es egresado del Conservatorio Real de Lieja (Bélgica) en guitarra clásica y pedagogía musical. Ha realizado dos EP (uno en Bélgica y otro en México), tres álbumes de larga duración y ofrecido más de 200 conciertos en todo el mundo. Además de la música clásica, es un apasionado de las músicas populares latinoamericanas (particularmente de la música afrocolombiana), el rock, el funk y el jazz. Sus proyectos más importantes son La Chiva Gantiva, donde se desempeña como guitarrista y director musical; y Filip Y Woppe, con el cual interpreta composiciones de compositores colombianos jóvenes como Sebastián Cruz Ernesto Ocampo, y adaptaciones de temas del folclor colombiano.

– ¿Cómo has vivido el confinamiento? ¿Qué consecuencias te ha traído?

Dejé mi casa y me fui al campo a juntarme con la familia de mi mujer. Lo he vivido bien porque definitivamente estar en el campo alivia mucho la paranoia que alcancé a percibir se estaba generando en la ciudad. Huí de mi casa con dos guitarras y una valija. Por ende, vivo al revés que la mayoría de las personas confinadas: con todo el campo delante de mí, pero privado de la mayoría de mis pertenencias. ¿Las consecuencias? La principal: ya no hay conciertos ni habrán hasta no sabemos cuando, pero por lo menos varios meses. Y si esa era mi principal ocupación y fuente de ingresos, entonces ahora llega el lunes y no tengo que prepararme para ningún concierto, llega el viernes y tampoco voy a salir a tocar. Entonces, la consecuencia, es un cambio obligado de ocupación.

– ¿Qué papel consideras que tiene la música en esta crisis?

Un panorama es que esta crisis lleve a la humanidad a manifestar en extremo sus comportamientos: egoísmo exacerbado o solidaridad. Y en esos dos extremos creo que la música es el aceite que puede hacer que decidamos como raza irnos hacia la solidaridad. De cualquier manera, estoy convencido que [la música] es uno de los factores de transformación más potentes que siguen existiendo.

Por otro lado, para mí es evidente que esta crisis surge de una exageración del uso, o mejor dicho, del abuso que hacemos de nuestro planeta. Sin ir muy lejos, no creo que sea una coincidencia que el virus haya empezado en el primer lugar donde se inició por primera vez la 5G: Wuhan. Ni el planeta, ni nosotros mismos estamos preparados para esos saltos cuánticos. Quizás la música es el elemento que podría aún llevarnos a la sensación de bienestar, de lo íntimo, lo acústico, lo local.

– ¿Cuáles consideras que son los principales problemáticas que enfrentará la comunidad de músicos independientes en esta situación inédita en el mundo? ¿Cómo resolverlas? ¿Cómo abordarlas?

La gran problemática es no poder tocar. Por ende, no tener recursos ni poder convencer a un cierto público que lo que haces es bueno por la experiencia que le ofreces en vivo. Y de ahí en adelante, es competir en redes sociales y plataformas digitales contra la industria de la música para lograr algo de visibilidad. Ahí empieza la depresión del músico independiente.

¿Cómo resolverlas? Creo que la única salida es unirse. Hacer colectivos de músicos (mánagers, gestores culturales, periodistas musicales, programadores) y, en el mejor de los casos, lograr unir muchos colectivos que estén aliados entre ellos para poder resistir. Lo que ocurre es que estar confinados y aislados no es una situación muy favorable para organizar colectivos, y aún menos para convencer a las personas de dejar su ego a un lado y que piensen en colectivo desde su individualidad. Desafortunadamente, la tendencia es crear becas que ponen a competir a los músicos y que cada quien logre sobrevivir como pueda a la presión del mercado y ahora, particularmente, a la crisis.

– ¿Qué papel juega la tecnología en el confinamiento? ¿Se reduce a hacer streaming?

Soy un poco fatalista en cuanto a la saturación de las redes sociales y el uso de la tecnología: nos estamos pasando. Y a la vez, parece ser lo único que queda. ¡Una cruel paradoja! Creo que el desarrollo tecnológico nos va a dar aún muchas sorpresas durante este confinamiento, y seguramente vamos a poder hacer cualquier cantidad de cosas que no dudo serán muy positivas para la comunicación y divulgación de la música. Pero creo que no podemos desconocer el hecho de que enviar un mensaje de México a China en 1 segundo tiene un precio a pagar a nivel energético que no medimos ni tenemos conciencia.

Creo que estaremos sorprendidos de las cosas que se pueden o podrán hacer gracias al desarrollo tecnológico, pero dudo que eso nos salve de la crisis. Temo que la tecnología logre aislarnos y convencernos que finalmente cada quien delante de su pantalla está muy feliz y no necesita salir a ver a nadie. Temo que se nos olvide como humanidad que salir a bailar en un concierto te transmite una experiencia vital que nunca podrás reproducir en tu casa delante de una pantalla y unas buenas bocinas.

¿Qué opinas de la gran cantidad de contenidos gratis online que se están liberando tanto de grandes consorcios -como el Festival de Montreux- hasta los artistas independientes desde sus casas? ¿Qué pros y contras le ves a esto?

Es necesario que la gente pueda seguir teniendo acceso al arte a pesar de la crisis. Pero como ya lo dije, hay un peligro de aislamiento, egoísmo e individualismo exacerbado muy latente.

– ¿Cuáles consideras que sean las lecciones que habría que tomar de esta crisis?

Aprender a entender qué es lo verdaderamente esencial en nuestras vidas. Crear colectivos, juntarse, unirse, crear colectividad con madurez y respeto.