Daniel Aspuru, música y calidad de vida

Para el multiinstrumentista y diseñador de software, la falta de música en vivo ha mermado nuestra calidad de vida y afirma que los vínculos a través de lo digital son solo informáticos. Música para acompañar, es su último disco.

Foto: Gerardo García

Por Oscar Adad 

Daniel Aspuru es multiinstrumentista. Toca piano, saxofón, batería y clarinete bajo. Es creador de software, diseñador de electrónica e inventor del Transductor eólico, instrumento musical y neumático Su trabajo en la música abarca producciones discográficas de bandas como Nine Rain y El Gabinete, entre otras. Es compositor de música para documentales y obras de teatro, entre las que destaca Conferencia para la lluvia, de Juan Villoro. Ha colaborado también en obra electrónica con diversos artistas.

Desde el año 2013 comenzó su carrera como pianista en formato de solo, hasta llegar a la publicación este año de su material titulado Música para acompañar.

– ¿Cómo has vivido el confinamiento? ¿Qué consecuencias te ha traído?

Mucha introspección. Me ha permitido concentrarme en terminar la grabación de mi primer material discográfico como solista. También me ha hecho reflexionar mucho sobre los cambios constantes del mundo y el desvanecimiento del futuro. Es imperativo vivir día a día.

– ¿Qué papel consideras que tiene la música en esta crisis?

Para mí la música puede ser un aliado y compañero en estos tiempos. Escucharla ayuda a conectar con nosotros mismos, reflexionar y ser sinceros. La música sigue y seguirá siendo universal, es como el cemento que pega los tabiques de las edificaciones espirituales, al igual que las artes sublimes.

– ¿Cuáles consideras que son los principales problemáticas que enfrentará la comunidad de músicos independientes en esta situación inédita en el mundo? 

Los músicos en general hacemos música para satisfacer un lado humano, para expresarnos y recibir retroalimentación del público. Para mí, la pérdida más grande son los conciertos en vivo. Por más plataformas o posibilidades digitales de distribución, todas me parecen témpanos de hielo muy lejanas a las cotidianas reuniones con público, con calidez y magia.

– Al ser la música un agente que históricamente fortalece vínculos e identidad comunitaria y cuyo espacio natural es el espacio público donde se lleva a cabo la escucha colectiva. Al cancelarse ese espacio por el confinamiento, desde tu perspectiva ¿qué implicaciones tiene para la comunidad en su conjunto?

Terribles implicaciones y no solo por la carencia de música. Hemos perdido calidez, contacto, erotismo, calidad de vida, relaciones afectivas, procesos curativos, muchísimas cosas con este inducido y, para mí, poco útil confinamiento.

– ¿Como creador qué papel juega la tecnología en el confinamiento? ¿Consideras que a través de la tecnología se podría generar un vínculo tan fuerte con el escucha como lo hace la música en vivo?

Los medios digitales están muy lejanos de lo que significa una experiencia de música en vivo. La magia, el sonido real, la química, el calor, la telepatía y muchas otras cosas están completamente eliminadas del contexto cultural. Creo que el vínculo que se puede generar en este contexto digital es meramente informático. He publicado una serie de videos y música para acompañar, y a pesar de que sí se siente el agradecimiento y la recepción generosa del público, es muy lejano a lo que podría significar un concierto.

– Música para acompañar es un material muy distinto a lo que haces con El Gabinete y tus experimentos con el Transductor eólico. ¿Cómo decidiste hacer un disco pensando en la idea del acompañamiento?

Es un disco que decidí hacer para mí. Y a mí me gusta escuchar música muy suave, muy atmosférica, una música que te pueda acompañar mientras estás haciendo otras cosas. Y dije: voy a hacer un disco que a mí me gustaría escuchar, que me haga sentir bien y más en estos momentos de soledad forzada donde se necesita una apapacho espiritual que te esté acompañando.

– En esa línea del piano en formato de solo, recuerdo que un disco importante para ti es The Köln Concert, de Keith Jarret…

Sí, ese disco me cambió la vida cuando era adolescente; fue de lo que me llevó a decidir frontalmente dedicarme a la música. Y este disco sí tiene mucho de improvisar libremente, pero también un tipo de minimalismo tipo Max Richter y esa clase de artistas, como de música para películas.

Lo difícil fue ir soltando cosas para hacer esa música tan minimalista. Aquí lo complicado era hacer cada vez menos y me tomó varios años llegar a esta síntesis. Ahora ya está lista la música y creo que sale en un momento muy adecuado porque sí necesitamos esos compañeros espirituales musicales.

– ¿Qué sucedió en este largo proceso del que hablas para llegar a esta música?

Hace siete años di mi primer concierto de piano solo en la Sala Ollin Yoliztli, y al día siguiente, el 15 de julio, llegó a mi casa el primer piano que compré y que me tomó muchos años juntar el dinero. Desde que me lo compré, dije: voy a hacer mi disco de piano solo. Empecé a grabar, pero no cuajaba, no lograba tener una música con una identidad, un propósito y una sonoridad claros. O sea, escuchaba la música y había buenas tomas, pero no había una consistencia conceptual. Y así me tardé siete años haciendo pruebas.

También siento que es la edad. Creo que después de los cuarenta uno agarra más consistencia conceptual. Por eso, ahora entiendo por qué los músicos que me gustan normalmente son mayores de cuarenta años. Esa madurez me dio el tiempo de sentarme realmente a pensar qué quería hacer, grabar, compartir, etc., no quería sacar material que no tuviera consistencia. La segunda mitad del año pasado tomé la decisión y empezar a trabajar.

– Entonces no fue pensado en esta época en particular, sino solo coincidió…

Coincidió y fue muy ad hoc porque que terminó de cuajar el sentido del acompañamiento, y las tomas finales del disco sí se hicieron durante el encierro, sí traen esa intención y sentimiento.

Son 11 piezas hechas para acompañar procesos de instrospección y hay un diseño en ellas para lograr ese efecto en la gente y está funcionando. Liberé un video la semana pasada y ya lo han visto 5 mil veces, la gente lo está compartiendo muy agradecida. Es interesante que lo están escuchando en países que todavía están en encierro. En Argentina tiene muchísimas reproducciones, en Colombia, en Sudamérica todavía estamos viviendo la crisis y ahí es donde está resonando el material.

– ¿Cómo se va a distribuir el material?

Los temas se liberan uno por uno de forma gratuita cada lunes y hasta finales de septiembre. El disco va a salir en plataformas de streaming y más o menos a mitad del lanzamiento voy a liberar una app en donde vas a poder escuchar toda la música gratis en alta definición; eso me gusta mucho porque la calidad de Spotify ya sabes que es terrible. La app funciona en formato Wav a 96 Khz, es brutal la diferencia.

– Además de músico eres creador de software, ¿tu app solo será un servicio de escucha?

Más adelante va a ser un servicio de streaming personal para poder hacer transmisiones, poder invitar a la gente a los conciertos, estar en contacto directo con el público y, a largo plazo, deshacernos de Spotify y de todas esas macabras plataformas.

– ¿Finalmente, cuáles consideras que sean las lecciones que habría que tomar de esta crisis?

Creo que tenemos que valorar mucho más la cultura, la música en vivo, la calidez humana y las relaciones afectivas.

Escucha las piezas de Música para acompañar aquí.