Color de Trópico, petromúsica de la Venezuela saudita

/

La época de la nueva vida democrática y los petrodólares en Venezuela es la motivación de El Dragón Criollo y El Palmas para llevarnos a una travesía por el frenesí de la música venezolana grabada entre 1966 y 1978.

Por Oscar Adad

Sumergirse en el pozo petrolero de la Venezuela saudita —llamada así por la bonanza del crudo durante la década de los 70—, no es solo encontrarse una historia de alto crecimiento económico y de bienestar para los venezolanos en su nueva vida en democracia que dio fin a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en 1958, sino también entrar al boyante mundo de creatividad musical de la época. En un ejercicio de arqueología sonora, Paulo Olarte alias El Dragón Criollo, y Maurice Aymard alias El Palmas, nos invitan a ese universo de frenesí a través de una selección de grandes temas de la música venezolana grabados entre 1966 y 1978 y compilados en el álbum, Color de Trópico, editado por el sello El Palmas Music.

“Soy venezolano y llevo 17 años viviendo en España. Aquí en España te montas en un autobús y no escuchas música, no es como en Latinoamérica, o por lo menos en Venezuela, que te montas en un bus y está el conductor escuchando salsa, merengue, cumbia, vallenato, pop. Vives la música a diario. Estás escuchando ritmos tropicales desde que naces. Y bueno, era un momento para reconectar con las raíces, que en gran parte se lo debo a Paulo, y mostrar un poco de lo que ocurría en Venezuela en esa época, que era una explosión musical, una bonanza económica que se reflejaba un poco en la cultura”, me cuenta Maurice cuando le pregunto acerca de su interés en los ritmos tropicales y el periodo que eligieron mostrar en el compilado.

Lo primero que llama la atención es la portada. Una pelea de box entre Pedro Blanco y Luis Bustamante. Dice Maurice que no tiene que ver con que si le gusta o no el boxeo, sino que adoptaron la imagen por ser de época y querer mostrar también a esa Venezuela en la que el deporte era protagonista. De hecho, dato curioso, el peleador Pedro Blanco es un reconocido entrenador de tenis en Venezuela que se ganaba la vida también boxeando. “Pedro está muy mayor, tiene 86 años y sigue dando clases de tenis. Le escribí para ver si tenía una foto de esos años, nos la mandó por Whatsapp y no servía. Tuvimos que hablar con la hija y la escaneó, pero Venezuela está en una situación bastante complicada, el Internet va muy lento y escanear algo son 20 dólares, entonces ese fue el resultado final de la foto”.

El álbum es singular en la sonoridad de cada tema, si bien se escucha el predominio de la música tropical, son palpables también distintas influencias que van del rock, la psicodelia, la música disco, el jazz y el soul, lo que da una atractiva identidad al material. Sin embargo, no fue fácil hacerse de cada canción. Me dice Maurice que fue un trabajo de casi seis meses en el que Paulo y él tuvieron que pasar distintos obstáculos hasta llegar a la selección final.

“Empezamos a seleccionar canciones de sellos discográficos venezolanos editadas en los 60 y 70. Había canciones que queríamos pero que no existían, el disco no estaba en el mercado o el sello tampoco tenía los masters, hicimos mucho digging. Había temas que queríamos pero el disco valía 500 euros y existía una copia en el mundo a la venta, y a veces los coleccionistas no querían prestarlo o digitalizarlo y muchos de los artistas están muertos o no tenían los derechos y no podíamos negociar con ellos. Era como un rompecabezas. Hasta que la dirección fue hacia dos de lo sellos discográficos más importantes que hubo en Venezuela: Disco Moda y El Palacio de la Música. Hay muchos temas que son muy buenos pero pasaron desapercibidos en esa época porque había temas mucho más “grandes” que los opacaban, entonces también por ahí fue la curaduría, tratar de conseguir esos temazos o hits que la gente no conoce o nunca conoció, porque a lo mejor la tendencia en ese momento era otra”, relata.

El álbum está compuesto por 8 contundentes canciones que nos llevan por diversos estilos de la historia musical venezolana. El disco abre con “Despertar”, a cargo de Los Darts, una de las bandas más representativas del rock de los años 60 en Venezuela junto a Los Impala, Los Supersónicos y Los 007. La canción fue el último sencillo lanzado por el grupo antes de disolverse en 1974 y cuya estética parte del rock anglosajón encarnada en Los Beatles y Los Rolling Stones, pero enraizada en ritmos como el bossa nova, y el cha cha cha.

Por otro lado, y en contraparte, aparece “Guajira con arpa“, del compositor Hugo Blanco, un ícono de la música latinoamericana. Blanco no es solo conocido por la vena tradicional, sino también por sus varias innovaciones entre las que destaca el grupo Las cuatro monedas, en el que incursionó en ritmos jamaicanos como el el ska y el reggae, además de incluir el soul. En “Guajira con arpa” nos presenta un tema que es el puente perfecto entre la música cubana y el arpa venezolana con un guiño al rock al utilizar la guitarra eléctrica lo que le permite entrar a la era de la electrificación del sonido de aquellos años.

Maurice se entusiasma al hablar de cada canción. Me pregunta mi punto de vista, me comparte el suyo, me dice también que esta música la escuchaban sus padres y que lo que le gusta de ella es su atemporalidad además de que ha envejecido muy bien en el tiempo. “Puedes escuchar una banda como Los Amigos Invisibles y escuchar a Grupo Almendra”, afirma.

Pero además de la estética, las composiciones tienen historias qué contar y Maurice revela dos: “Zambo”, de La Retreta Mayor; y “Socorro auxilio“, de Germán Fernando. “La Retreta Mayor grabó ese álbum y nunca tocó. Lo grabaron, lo terminaron y se disolvieron. Y la canción de Germán Fernando no se publicó nunca. Aparte, Germán Fernando hacía boleros, y este era uno de los pocos temas que hace esta locura, se comienza a transformar, se va poniendo más grande, se va gritando, se vuelve loco. Hasta echan el cuento de que cuando tocaban este track en vivo el tipo se tiraba al suelo y se volvía loco”.

De hecho, el tema de Germán Fernando es el que más sorprendió al productor ya que no estaba en los planes. “Fue muy raro, apareció de la nada, sin querer. Son de esas cosas que vas escarbando, escarbando, y de repente apareció esa canción, que nunca había estado publicada, que ni siquiera está en Discogs, que nadie la conocía y es un temazo. Yo diría que la anécdota más peculiar es ese tema que apareció de la nada. Estaba buscando otra canción, otro estilo y ¡pum!, apareció”, recuerda.

Si bien el disco narra un período de bonanza en Venezuela que se vio interrumpido por el fatídico “Viernes negro” en 1983 en el que el bolívar se devaluó de manera abrupta, la historia de Maurice es además la otra historia de millones de venezolanos que han emigrado a partir de los gobiernos de Hugo Chávez (1999 – 2013) y Nicolás Maduro (2013 – ). Al principio migró la población de clase alta y media a la que pertenece Aymard, pero después, por el deterioro de la calidad de vida, las clases bajas empezaron a irse del país.

De acuerdo a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), de 2016 y hasta noviembre de 2019 habían abandonado Venezuela 4.6 millones de personas. La misma ACNUR proyectaba 6.5 millones para finales de 2020 si se mantenían las tendencias. La migración de Venezuela es el desplazamiento de personas vulnerables más numeroso y más rápido del mundo después de la crisis de Siria e inédita en la historia de Latinoamérica.

Maurice me cuenta que desde los cambios impulsados por el chavismo empezó a tener problemas para trabajar. Era propietario de una tienda de discos y sello discográfico de nombre Galaktika, y la primera afectación que tuvo fue por el control de cambio impuesto por Chávez que limitaba el acceso al dólar. “Con la tienda de discos era un lío, ¿cómo hacía para traer los discos de afuera? Compraba discos en Venezuela pero no había suficientes. Segundo, empieza la inflación alrededor del control de cambio. Nosotros también hacíamos eventos, entonces imagínate, para traer a un DJ era complicadísimo”.

Aunado a ello, inician las campañas de expropiación por parte del régimen. “Si no cumplías con tus impuestos o si Chávez no estaba de acuerdo con lo que hacías, te expropiaban el negocio. En la tienda de discos me caían los militares una vez al mes a pedir dinero, a pedir papeles”, relata. Famosos eran los avisos —convertidos posteriormente en acciones de gobierno— que hacía Chávez a través de su programa televisivo Aló Presidente y en el que, en vivo —y entre muchas otras cosas—, anunció la expropiación a los joyeros del Edificio La Francia, ubicado frente a la Plaza Bolívar de Caracas.

Pero lo que detonó la decisión del productor de irse de su país fue la delincuencia. En el libro Comandante, la Venezuela de Hugo Chávez, el periodista Rory Carroll da cuenta del fenómeno y narra que en 1998, antes de que Chávez llegara al poder, la cifra de asesinatos fue de 4,500. Pero diez años después se triplicó, más de 17,000 por año, lo que hizo de Caracas una de las ciudades con más muertes del mundo. En cuanto al secuestro —prosigue Carroll en su libro—, se convirtió en una industria de casi siete mil anuales.

“La delincuencia me agarró y me secuestraron por varias horas, me salvé de casualidad. A los tres meses estaba comprando un ticket y me estaba yendo. Estaba harto —me cuenta Maurice—. En mi caso, mi abuelo es francés y yo tenía pasaporte para venirme a Europa, lo dejo todo y me voy”.

— ¿Después de 17 años fuera te gustaría volver a vivir a Venezuela? —le pregunto.

— Por supuesto que me gustaría volver, pero los chavistas y maduristas han dejado al país totalmente destrozado, no hay luz, agua, inflación excesiva y en algunos sitios no hay Internet. Imposible tener calidad de vida en estos momentos. Me conformo en volver a la Venezuela de antes de Chávez.